martes, 22 de abril de 2014

ARTICULOS. UNA POETICA DE LA CIUDAD. F. BASALLOTE



UNA POÉTICA DE LA CIUDAD








 




La ciudad, ese espacio que según Spengler definiría la historia de la humanidad y que para  Italo Calvino es “ Un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía; pero esos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos….”, es para el poeta lugar de la nostalgia, paisaje encendido   con las más tiernas luces , las que llevan dentro las candelas del tiempo de la dicha, los instantes perdidos del paraíso.









 Todo poeta tiene un referente espacial, el lugar de la emoción  o de la dicha, ese sitio que marca el encuadre de una escena irrepetible, inevitable lugar donde la memoria se hace elegía, canto, pura nostalgia.  Desde los albores de la humanidad la literatura está llena de  menciones a  ciudades que con el tiempo alcanzan la categoría de míticas, así desde Ur y Babilonia hasta las actuales Nueva  York o Pekín , pasando por lugares como Machu Pichu o Troya , la historia  o la leyenda  se han hecho eco de su mítica existencia , pasando al legado literario.





 

En Desde este otoño, el poeta tinerfeño  Miguel Martinón, escribe la elegía simultánea del tiempo y del espacio, de la  vivencia intensamente renacida: “.Ciudad tan próxima y tan lejana/ puedo verte a través de las palabras,/ que vuelven al nacer el día/ oírte desde dentro y desde fuera/ inestable en el filo de la hora…”/, “ Te veo desde fuera y desde dentro/ te veo entre la lava y la palmera…”, “..y te llamo y te oigo,/ Oh ciudad de los flamboyanes,/ por los mares sin bordes del insomnio,/ cuando la luz callada llega hasta esta hoja,/ hasta los ojos que la leen/ y todavía pueden verte.”  Evocación que  en Todo es para siempre,  del poeta de Arcos,  Pedro Sevilla, se erige en sombra de cal, la intensidad blanca del pueblo:”Crepúsculo de agosto./ La tarde cae en el huerto/ demorando su oro en los rosales,/en la bíblica higuera, en los dulces planetas del membrillo…”  Y los pueblos de la vega granadina  se hacen elegía en  Un ramo de poesías de Manuel Gámiz, elegía hecha blancura y barbecho, trigo y surco,  flores e historia, leyenda frutal…, memoria de su paso por esa geografía rural. Dirá de Fuente Vaqueros:  “ Manantial / de poesía/ y vega..” , a la torre de Montefrío:” Vieja torre que a Montefrío coronas./ Fiel testigo eres de historia vivida..” y sobre todo a su Huétor-Tájar:  “Campanario de ladrillo,/ de la Iglesia, entre las casas/ el cabreo y su piara/ avanzan por el camino.


Estrella Bello en su obra Adonirán, llamada así por  el mítico personaje que estuvo al servicio de tres reyes de Israel    y que  bajo el reinado de Salomón, fue el encargado de- traer desde  el Líbano   las maderas de cedro y de ciprés necesarias para la construcción del templo de Jerusalén (1Re 4,6,) . sus pasos se hacen música en Viena: “Las olas del Danubio se suavizan,/ regresan hacia mí,/ me acocan la sonrisa de Viena/ como un bello topacio/ que se abre con el sol./…”  y “…al pie de los almendros constelados/ me he parado a soñar./…” , sueños de amor, búsqueda : “ Espérame, amor mío,/ cuando las rosas cambien de color/ y hay gotas de nostalgia, prendidas en el cielo,/…” y espera: “ En Aranjuez te aguardo en el camino/junto a las rosas y al caudal ardiente/ de un surtidor azul que lanza hiriente/ su lluvia de diamante cristalino./…”. En la segunda parte, “Desde el umbral del aire”, pide al   amado: “ Ámame,/ en la ciudad sin nombre, / donde los muros trepan al exilio/  y un corazón desnudo/ palpita en los alambres y colmenas./…”, y se hace nostalgia la Galicia natal : “ …Galicia de la lluvia enamorada,/ Galicia el incienso y la alborada, / Galicia del misterio y el arcano./…”.








Escribe el poeta leonés Luís Artigue en Los lugares intactos las emociones que las ciudades han ido dejando en el corazón de este joven poeta y que quedan en el poema como destilación de una experiencia similar a la de la vida y el amor…sendero que incide en los íntimos resortes del corazón. De alguna manera se manifiesta un cierto sentido del descubrimiento, como dirá en el Machu Pichu: “buena cuenta del éxito, del poder, de la vida/ y del amor eterno/da/ asomarse a las ruinas de un imperio.”o en los lugares escondidos como: “La oscuridad de una pequeña ermita/ es la de todos esos poemas que expanden el entendimiento”, en Aveiro. En Una ilusión de continuidad, dirá desde la capital del mundo: “Me siento como el árbol que se mira en un río desde que estoy en lo alto/ de Nueva York.” .Y desde las alturas del Duomo de Florencia: “…El  trémulo/ entramado de nubes. / La villa inmortal enardecida con cierta luz de ficción/ que han tomado prestada a crédito los cuadros del Cinquecento.”  Llegando  a “Jerusalén, la ciudad  cuarteada por las apropiaciones de Dios.” y terminando en Roma: “la ciudad cuya belleza aún es un edicto de alegría”.  

A veces es tan grande el poder  del recuerdo, convirtiéndose el poema en un tratado de la memoria de la ciudad abandonada y el exilio donde la memoria reconstruye la identidad del tiempo perdido , como escribe el tinerfeño  Coriolano González en “Otra orilla" (Cuadernos de Guillermo Fontes):. ¿Dónde aquel banco en el que fui besado/ por vez primera/ y el tiempo se detuvo?, ¿Dónde están aquellas plataneras/ que desbordaban de luz y olor/ la travesía por el barranco…” Tiempo inolvidable en el que “Fuimos inmortales”.

En otras ocasiones la ciudad evocada forma parte de lo que Spengler llamó historia ciudadana, es decir historia de la humanidad y como sucede con José Emilio Pacheco, que en su libro  Ciudad de la memoria, canta a las culturas desaparecidas, como en Presagio de Islas a la deriva:   -Vuelven los dioses- dijo Moxtezuma-/ Las profecías se cumplen. No habrá oro/ capaz de refrenarlos. Del azteca/ quedarán sólo el llanto y la memoria.”. O la memoria de Roma   que Francisco Vélez Nieto , en  Itálica y otros poemas    transforma en su imagen, Itálica sentida y vivida , desde “…el ruiseñor cantando/ a Venus su amor diario”  al recuerdo de un tiempo: “En estas calles fue posible escuchar/ amor y odio, las risas y las lágrimas/…/también la ira desatada de los dioses…”,“…paseo recordando,/ aquel pasado en vuelto  en mármol grana…”, pasando, sensorial,  al duelo   de las diosas: “Desde su bosque Diana/Eterna a Venus contempla…”   o la danza de la náyade, a la que pedirá: “ Huye del frío mármol de Carrara,/ baila, muestra danzarina/ tus placeres y pasiones/…”.











En De ida y vuelta de Sara Herrera Peralta  en veinte poemas, de su segunda parte, El Viaje, realiza un viaje a veinte ciudades,  a las que denomina con las iniciales de sus aeropuertos. . Inicia el viaje en Fiumicino [FCO] y tras hacer escalas en aeropuertos de los cinco continentes, diciendo “ Las maravillas del mundo exploran mis dedos…” o “Al llegar al límite de los besos, aún en el destierro,/ las sábanas se agotan…”, al llegar a Tokio dice “ Hoy , que renace Madame Bovary./…/ Y sólo tengo un arma,/ que es la herramienta de mis manos,/ el vértice de mi garganta:/ la palabra.· ” Llegando a decir en París [CDG]:  “ Hoy soy todos los paisajes que quise ser…” y al terminar en Lisboa dirá: “Admito que sólo busco/ la compactación de la esperanza..”

La  Ciudad, del salvadoreño Jorge Galán, nos muestra la agobiante presencia de la cotidiana pesadumbre de la ciudad asediada, en la que las pérdidas elevan la categoría de  la tragedia, “La ciudad se ha reducido a un murmullo lejano…”  . En Lo real,  se manifiesta con mayor intensidad el desasosiego de una ciudad sombría: “ …la ciudad que se hundía en el fango/ como una viuda ensombrecida,…”. La vida en un barrio joven protegido por barreras  “Como una ciudad solemne de hace quinientos o mil años/ este pequeño barrio joven está rodeado de murallas…”, una terrible cotidianidad en una ciudad que “ha modificado nuestras almas originales,/ las ha provisto de una esencia distinta/ y esa esencia es semejante a la del animal/ en el instante de proteger la cueva del refugio/ a punto de la primera nevada.”.








A veces la ciudad de la memoria se circunscribe a una calle, una avenida, donde el poeta hace residir la emoción recordada. Es el caso de Joaquín Pérez Azaústre, con su obra Las Ollerías.El poeta dice de su obra:: “Las Ollerías' es una avenida de Córdoba, transformada en un espacio simbólico de la memoria: un territorio en el que es posible la reconstrucción personal a través del poema",. El libro tiene cinco partes donde la voz del poeta reconstruye su memoria inmediata. Por allí, cruzan los días, la cotidianidad, el amor y las relaciones con su familia, y, en especial, con su padre. “Es la acotación de un territorio simbólico. Me dirijo a un interlocutor en una especie de memoria familiar, de cómo he ido reescribiendo mis recuerdos de infancia y de la época más reciente de mi vida. Es una radiografía emocional.”  La memoria se hace materia de este hermoso libro: “Eran los días felices de la celebración./ La luz era muy blanca, aún más blanca/ sobe el pinar abierto en el camino…” ; así como los elementos que conformaron la vida diaria y sus excepcionales salidas de la rutina: “… ¿Cómo era aquella casa azul donde estuvimos?/ Pudo ser aquel coche, un Renault 5 blanco/ encallado en la arena de una noche infinita./…” 







María Sanz es, sin duda, la poetisa por excelencia de la Sevilla actual, “la Rosalía, la Dickinson, la Alfonsina o la Pizarnik que no tuvimos,”  dice Andrés Mirón,  prologuista de Un resplandor cercano, referente imprescindible de la poesía sevillana. Un resplandor cercano,(Antología sevillana) es la recopilación de aquellos poema suyos en los que en su retorno al tiempo y al espacio idílico de su infancia sevillana nos hace recorrer los jardines, las calles y las plazas, los monumentos, los instantes irrepetibles o los poetas eternos de la ciudad que ensalza desde la emoción contenida y el mas hondo de los lirismos  a la mas pura trascendencia, constituyendo para los amantes de la Ciudad de la Gracia, su mejor y más emotivo itinerario con partida siempre de los Jardines de Murillo: “Que la lluvia cayera en los Jardines / era solo espejismo…”,  sus fuentes: “El agua de una fuente/ buscaba entre mis manos/ transparencias perdidas.”, el entorno como la vieja estación de San Bernardo: “ Yo recuerdo una sombra/ de castaños de Indias/ alfombrando los viejos adoquines; otra sombra de trenes/ partiendo en dos el tiempo…”  y el amor a la ciudad : “ La ciudad que se eleva/ en nombre de su cielo,/ entre las espadañas / y el aire de sus torres…” ;  “Compás de Santa Clara/ arrullado en los vuelos/ de la tocas monjiles….”; y especialmente la Giralda: “Puro alminar, espejo de la brisa/ remansada en las curvas de su encaje;/ cincel de estrellas, áptera paloma/ cuya quietud solea lo sagrado/…









Y hay quien  entre los lugares evocados lo hace de algo tenebroso, como hace  Guillermo Carnero que en la tercera de sus Cuatro noches romanas que es invocación y ofrenda a la ciudad eterna,   visita el Cementerio Acatólico de la Ciudad Eterna y dice a la muerte: “- Un día me dijiste: tu peor enemigo/ es la memoria; aprende de los pájaros…” y la Dama le contesta: “-Mira a tu alrededor; no te complazcas/ sólo en la destrucción y la rüina. /No hay lugar en el mundo donde brille/ más alta/ la belleza de la muerte.”


Como de cuanto antecede, están llenas las Antologías poéticas de referencias a la ciudad como espacio habitado por la nostalgia, lugar de la evocación y la elegía, cumpliendo de alguna manera el dicho spengleariano de convertir la ciudad en historia de la humanidad, pues es en esa nostalgia donde más humano se hace el hombre.

©F.Basallote

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