jueves, 10 de abril de 2014

ARTÍCULOS. GOTLAND EN LAS NOVELAS NEGRAS DE MARI JUNGSTEDT




GOTLAND EN LAS NOVELAS NEGRAS DE MARI JUNGSTEDT








Desde que la literatura existe ha sido transmisora de la actividad humana, al fin y al cabo desde el primer signo dejado por el hombre en la primera huella rupestre en él estaba inscrita una señal de trascendencia. Así desde Gilgamesh hasta la Ilíada y desde el Génesis hasta la última obra literaria, en todas ellas ha existido esa vocación de dejar constancia de la vida del hombre. Constancia que se fue purificando en estilos literarios, siendo quizás la llamada “literatura costumbrista” su ejemplo más explícito.

En la actualidad ha surgido una  "moderna literatura costumbrista". Se trata de la novela negra nórdica, hoy la más abundante y vendida del mundo, pudiendo afirmarse que hay un “boom” de la novela negra nórdica, y autores como Stieg Larsson, Henning Mankell, Arnaldur Indridason o Jo Nesbø están entre los más vendidos en el mundo, liderando un género negro que, cada día, gana más lectores.  Este “boom” literario, no es sino la consecuencia de un trabajo callado en el mundo de la creación literaria de una pareja de novelistas que llevaron los postulados del 68 a este campo y que son el origen de toda esta novela negra. . Se trata de  Maj Sjöwall y Per Wahlöö, ellos supieron imprimir al hasta entonces conocido como “género policiaco”, liderado por autores americanos o ingleses, una impronta social ya que trataba fundamentalmente de la problemática de la decadencia de la sociedad del bienestar, transportando en su interior una descripción bastante acertada de las costumbres del mundo actual. Existen novelistas en todos los países nórdicos, aunque es lógico que en Suecia, donde se inició haya más y reconocidos autores. En casi todos los casos se da la circunstancia que cada autor  circunscriben la acción de sus novelas en ámbitos geográficos determinados, así Henning Mankell desarrolla la actividad de su personaje Kurt Wallander en la región sueca de Escandia o el islandés Arnaldur Indridason en  Reikiavik. Y este es el caso de la novelista sueca Mari Jungstedt que desarrolla la totalidad de su creación en la isla de Gotland, logrando unir a la acción de sus novelas el conocimiento de un territorio turístico por antonomasia, rico en paisajes, costumbres e historia. 






Mari Jungstedt (Estocolmo, 1962) es una de las escritoras más populares de la novela negra nórdica. Su serie de Gotland se ha traducido a más de cuarenta idiomas. Licenciada en periodismo, trabajó en la televisión sueca antes de emprender su trayectoria como novelista. Su experiencia como reportera de televisión inspiró la creación de sus protagonistas: Anders Knutas y Johan Berg.  Nadie lo ha visto, Nadie lo ha oído, Nadie lo conoce, El arte del asesino, Un inquietante amanecer, La falsa sonrisa, y Doble sonrisa son los libros publicados hasta la fecha en España. Mari Jungstedt pasa varios meses al año en la isla de Gotland en busca de la inspiración. Suele salir a pasear y correr por hermosos parajes de la isla. Estos bellos lugares, todos reales y tangibles, quedan luego plasmados con total fiabilidad en sus novelas. Estos son algunos de ellos: Norsta Auren, Högklint, Vivesholm, Warfsholm, el puerto vikingo de Fröjel, la playa de Gustavs, las landas de Lojsta,  , la casa Villa Muramaris  y la histórica ciudad de Visby, capital de la isla y  una de la ciudades medievales mejor preservadas de Escandinavia, por lo que fue declarada en 1995 por la Unesco como Patrimonio Mundial de la Humanidad, con edificios históricos, como la muralla de piedra de 3,4 km de longitud llamada "Ringmuren" que rodea la ciudad, y las ruinas de la iglesia vieja. Su historia se remonta a la época de los vikingos, quienes solían hacer escala en la isla antes de cruzar el mar Báltico .











A lo largo de sus novelas y a la par que se desarrolla la acción de sus protagonistas Anders Knutas y Johan Berg, vamos descubriendo hermosos paisajes, con absoluta presencia del mar, costumbres y el pasado histórico con la gran presencia vikinga y hanseática.






El paisaje está rotundamente presente en estas novelas, especialmente el marino. En “Nadie lo ha visto” leemos: “El mar estaba agitado. Las olas hacían espuma y se arremolinaban, las chillonas gaviotas revoloteaban en bandadas sobre las olas. Las islas Stora y Lilla Karlsö parecían surgir del mar. Las formaciones rocosas se apreciaban con claridad, al menos las de la isla Lilla Karlsö. Stora Karlsö se escondía detrás más plana y más lejana.”.En “Un inquietante amanecer”  leemos la siguiente descripción: “Cuando subió la colina que había detrás el restaurante, disfrutó de una magnífica vista sobre el mar, con Kyllaj, el extremo más oriental de Gotland, a lo lejos. Kyllaj era una pequeña aldea en la bahía de Valleviken que antes vivía de la navegación y de la cantera…”











Hay numerosas referencias a reservas de aves, como en “Nadie lo conoce”:“El hotel consistía en un edificio de madera amarillo de principios del siglo pasado, con una hermosa torre, y estaba situado en un saliente al borde del mar. A uno de los lados del edificio se extendía una playa de arena paradisíaca y más allá se divisaba la reserva de aves de Vivesholm, una lengua de tierra que se adentraba directamente en el mar.” Así como a las pequeñas islas de Farö  y de Gotska Sandön, 











La primera es citada en “El arte del asesino”:“Cuando dejaron la carretera principal que atravesaba la isla de Farö, la calzada se estrechó. Pasaron junto a la playa de Ekeviken, donde, a pesar del frío, las aves marinas cabeceaban en las crestas de las olas, y continuaron hasta Skär y Norsta Auren.” y en “La falsa sonrisa”: “Los padres de Enma vivían en el extremo norte, junto a la inmensa playa de arena de Norsta Auren, La casa de piedra caliza blanca se encontraba apartada y solo un pequeño muro separaba el jardín de la playa. A un lado se encontraba el cabo al que acudían los ornitólogos para estudiar la infinidad de aves marinas que poblaban en itsmo. Al otro lado se extendían varios kilómetros de playas de arena blanca y fina…Formaban un suave arco que llegaba hasta el faro, la punta septentrional de Farö”, mientras que la segunda lo es en “Un inquietante amanecer”:“La playa de arena fina se extendía a lo largo de kilómetros formando un suave arco hasta la punta de Tärnudden, en el extremo opuesto. Pese a que aún era por la mañana ya hacía calor, el sol brillaba en el mar y los únicos seres vivos que se veían eran unos gaviones correteando por la playa. Más arriba se extendía un cinturón de carrizos de tallo corto y, por encima de ellos, tomaba el relevo un bosque de pinos atrofiados.”. Otras playas como la de Holmhällar es citada en “La falsa sonrisa”, con sus característicos “rauka”:“La playa de Holmhällar, en el extremo sur de Gotland, estaba cubierta de piedra caliza. La zona de “rauka”, de un kilómetro de largo, le daba un carácter especial; las hileras rocosas eran macizas y de formas extrañas; las más altas alcanzaban los cinco metros…..Un poco más allá, en el mar, se vislumbraba la pequeña isla de Heligholmen, una reserva natural en la que anidaban millares de aves marinas.”.














El paisaje terrestre es asimismo citado, como en “Nadie lo ha visto”: “Al otro lado de la ventana se extendían ondulantes campos de cereal y prados en donde a las amapolas aún les faltaban unas semanas para empezar a florecer. Más allá de los campos se vislumbraba el mar a la luz vacilante del atardecer.”; “Cuatro grandes aerogeneradores dominaban el  paisaje de Grötlingboudd.  Prados cercados con paredes bajas hechas de piedra bordeaban la carretera que conducía hasta el mar. Las típicas ovejas de Gotland, “hannlamb”,  de lana gruesa y cuernos retorcidos, pastaban entre los bajos enebros, los pinos azotados por el viento y grandes bloques de piedra esparcidos aquí y allá.”  O en “Nadie lo conoce”:“Campos de cultivo y prados se alternaban hasta la orilla del mar, visible a lo largo de todo el recorrido. Había varias granjas a lo largo de la calzada, con caballos, vacas y ovejas pastando…”; “De camino hacia Lickershamn había una zona de rocas erosionadas, llamadas “raukar” donde solía detenerse. El conjunto estaba formado por una decena de “raukar” grandes y varios más pequeños, algunos tenían seis o siete metros de altura y buena parte de ellos estaban cubiertos por la flor simbólica de Gotland, la hiedra.”.












Y dentro del paisaje del campo son piezas singulares las construcciones rurales, con su sistema constructivo a base de piedra caliza, como nos describe la autora en  “Nadie lo ha oido”:“ Se trataba de la típica vivienda de piedra caliza de Gotland, de mediados del siglo XIX, y era impresionante, encalada, con el tejado muy inclinado y hastiales lisos…Contaba con no menos de siete habitaciones y cocina distribuidas en dos pisos. La finca tenía también un cobertizo que se utilizaba como trastero y despensa.”, y en “Nadie lo conoce”: “Era una casa de piedra caliza revocada, de dos plantas, con los marcos de las ventanas, los de las puertas y las esquinas en color vino. El paisaje de alrededor era árido, con pinos y enebros bajos y retorcidos. El terreno estaba rodeado por una cerca de piedra….”. Asimismo es parte esencial de ese paisaje rústico el caballo autóctono, tan bien descrito en la novela “Nadie lo ha visto”:“El caballo de Gotland es la única raza de poni autóctono que se conserva en Suecia. Tiene sus orígenes en la Edad de Piedra. A principios del siglo XX estuvieron en peligro de extinción. …Ahora hay alrededor de dos mil ejemplares  en Gotland…Como solo tienen  unos 125 cm de alzada son perfectos para los niños…














No faltan en estas referencias las de las costumbres populares y especialmente la gastronomía, así lo hace en “Nadie lo ha oído”: “ Knutas se había llevado sándwiches de pan danés de centeno, Smörrebröd…Las tres rebanadas llevaban encima diferentes acompañamientos: paté de hígado de cerdo con una especie d calabaza en conserva que recordaba bastante al pepino, albóndigas en rodajas con remolacha en vinagre, y su favorito, el “rullepölse”, un embutido de carne de cerdo  cocida, enrollada y ahumada….”…“ Leif agarró el salmón con mano experta. Empezó abriéndolo por la tripa con un cuchillo bien afilado, retiró las vísceras y sacó los lomos libres de espinas. A Knutas se le hacía la boca agua observando cómo Leif extendía aceite sobre los filetes con un pincel, los sazonaba y los colocaba sobre un lecho de sal gorda.”










Por su posición geográfica en medio de las culturas del Báltico, Gotlad fue un territorio  de grandes asentamientos vikingos, así lo atestigua la autora en sus novelas, especialmente en la de “Nadie lo conoce”: “Esos campos que ven alrededor, que a simple vista parecen prados y tierras de cultivo sin más, ocultan un asentamiento de la época vikinga cuya extensión, según nuestros cálculos, es de unos cien mil metros cuadrados. El área, por lo tanto es enorme. Las excavaciones comenzaron a finales de los años ochenta y hasta ahora solo hemos investigado una pequeña parte.”; “En ningún lugar del mundo se han hallado, por ejemplo, tantas monedas de la época vikinga como aquí en Gotland. La isla se encontraba en el centro de la ruta comercial entre Rusia y el continente….”; “Teniendo en cuenta su superficie, Gotland poseía mayor cantidad de tesoros arqueológicos que ningún otro lugar del mundo. Allí se habían desenterrado no menos de setecientos tesoros de plata de esa época. El más conocido era el Spillings, el mayor tesoro de plata del mundo perteneciente al periodo vikingo. Se extrajo en Spillings, en la parroquia de Othem, en Gotland, en 1999. El tesoro pesaba setenta y siete kilos y contenía, entre otras cosas, catorce mil trescientas monedas….”













Y en la Edad Media, perteneció a la Liga Hanseática, siendo Visby un importante puerto de la misma. Sus murallas, que se conservan, hicieron de ella una ciudad fuerte e inexpugnable: En “Nadie lo ha visto” se lee: “…Solía imaginarse las batallas medievales entre suecos y daneses… Hacía como si fuera uno de aquellos guerreros que lucharon al lado del monarca sueco contra el danés, Valdemar Atterdag, que conquistó Gotland y convirtió la isla en una provincia de Dinamarca en el siglo XIV.”.
En “Nadie lo ha oído” podemos enterarnos de la leyenda: “Pasó junto a Jungfrutornet, la torre de la Virgen, una de las muchas atalayas defensivas de la muralla. Acerca de esta torre existía una antigua leyenda, según la cual, cuando en el siglo XIV el rey danés Valdemar Atterdag se disponía a conquistar Visby contó con la ayuda de una joven para entrar por una de las puertas de la muralla. La joven se había enamorado de Atterdag y el monarca le había prometido casarse con ella y llevarla con él a Dinamarca si le abría la puerta a él y a sus hombres. La muchacha lo hizo y los daneses saquearon Visby. El soberano no cumplió su promesa y abandono a la joven a su suerte…Cuando se conocieron los hechos, la joven fue condenada a ser emparedada viva en esa torre….”










En este aspecto histórico, Visby, la histórica capital de la isla, es citada numerosas veces en las novelas. En “Nadie lo ha visto”:“Subieron por  la escalera al lado de la iglesia, Kyrktrappan, hasta las casas pintorescas de Klinten. Visby se extendía a sus pies como un hormiguero de casas, antiguas ruinas, calles estrechas, que se apiñaban dentro de la muralla. Con el mar al fondo.”. En “Nadie lo conoce”, vuelve a hablar de este barrio:   “En Klinten, el pintoresco barrio situado en la parte alta de la catedral, que era la zona más atractiva de Visby. Antiguamente había sido una barriada pobre donde se levantaba la horca para que los condenados a muerte se vieran desde toda la localidad… La vista era magnífica, con toda la ciudad medieval extendiéndose a sus pies, sus estrechas callejuelas, sus ruinas y la muralla. Al otro lado se divisaba el mar, como un telón de fondo azul.”. Y no solo el barrio de la catedral, sino ella misma, como hace en “Nadie lo ha oído”:“La Catedral de Santa María se empezó a construir en el siglo XII con la recaudación de los aranceles que pagaban los barcos alemanes que arribaban al puerto de Visby….Desde la Edad Media el edificio no había sufrido ninguna transformación importante, y se notaba, pensaba Knutas mientras admiraba la altura del techo, los ventanales bellamente pintados y el púlpito, probablemente importado de la ciudad germana de Lübeck en el siglo XVIII…”. Y de nuevo sus murallas, en “El arte del asesino”: “ La puerta de Dalamansporten daba acceso a la parte central de la calle Norra Murgatan, empedrada, larga y estrecha, que por su parte interior corría paralela a la parte oeste de la muralla. A ambos lados se sucedían las casas bajas y pintorescas. Un auténtico paraíso, con sus cortinas de ganchillo en las ventanas, sus macetas de cerámica y sus jardincillos tras las tapias. Pintorescamente, algunas casas estaban encajadas en la propia muralla.”.









Y el Arte, en especial la mención al  antiguo Palacio de Muramaris una residencia de artistas construida a principios del siglo XX con un encantador jardín barroco. En este lugar, el artista sueco Nils Dardel pintó su cuadro El dandi moribundo, y Mari Jungstedt localiza allí algunas escenas de su novela   sobre el mundo artístico sueco, “El arte del asesino”:“Desde allí tenía una vista completa de Muramaris, la casa de los artistas...El nombre significaba “el hogar junto al mar”.El edificio principal, de planta cuadrada y color arena, estaba construido con piedra caliza y constaba de dos pisos. Su arquitectura era una mezcla original entre una villa renacentista italiana, con galería abierta al mar, y la tradicional casa gotlandesa….Allí se había pintado uno de los lienzos más discutidos de la historia de la pintura sueca. …El artista trabajó en aquella gran pintura al óleo el mismo año en que diseñó el jardín de Muramaris. En plena Guerra Mundial, durante el año 1918. Entonces Nils Dardel pintó “El dandi moribundo”.”











Y no podía faltar una novela dedicada a Igmar Bergman Doble silencio  como una especie de homenaje al famoso director de “Séptimo sello. Es probable que en la historia del cine no haya un lugar tan relevante a pesar de ser tan pequeño como la isla de Fårö, de tan solo 113 km2. Fue Ingmar Bergman quien le confirió tal importancia a un rincón del planeta en apariencia tan desahuciado. Además de vivir ahí, rodó seis películas, estableció un estudio cinematográfico y finalmente murió a los ochenta y nueve años en 2007 dentro de la isla. Ahí está su tumba, y un festival de cine dedicado a él se lleva a cabo anualmente. A dicho festival acuden tres parejas de amigos que pasan cada año unos días de vacaciones juntos y se disponen a compartir una semana en el agreste e idílico paisaje de la isla de Fårö, desarrollándose en este escenario toda la acción de la séptima novela de Mari Jungstedt: “Doble silencio” , como una especie de homenaje al famoso director de “Séptimo sello.

En tan especial ámbito sitúa la escritora la acción de sus novelas, dando al lector, además del placer de su lectura, el suplemento del conocimiento de un territorio lleno de belleza y de historia.

©F.Basallote

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