domingo, 9 de marzo de 2014

ART. PINTURA Y POESIA. EL INSTANTE CAPTURADO.



PINTURA Y POESÍA. El instante capturado.










Desde la Epístola a los Pisones, en la que Horacio unía pintura y poesía, ambas artes han ido de la mano en la historia del hombre, ya que el poder de sugerencia de la poesía se acerca al poder de percepción de la pintura.   Leonardo llegó a decir que: “La pintura es poesía muda; la poesía pintura ciega.” y Wallace Stevens montó toda una teoría sobre la similitud de dichas artes, entre las que Joan Miró decía  que no existía diferencia.









 Existe en la poesía de José Emilio Pacheco una celebración del instante, no sólo como culmen sino como  fugacidad. En su poemario “No me preguntes cómo pasa el tiempo” (1969), esa fugacidad puede llegar a perdurar en la intensidad de lo vivido, así en su  poema Venus Anadiomena, por Ingres dirá: “En el cuadro rehecho sin sosiego/ tu carne perdurable es joven siempre./ El mar se hiende atónito y observa/ otra vez el milagro”. El tiempo detenido en el cuadro.












Un poemario completo dedicado a una pintura. Se trata de El triunfo de Galatea  de Javier Asiáin  que se basa en la fábula mitológica de Polifemo y Galatea reflejada en el fresco de Rafael Sanzio en la Villa Farnesina en Roma , una pintura inspirada a su vez en las Metamorfosis de Ovidio. Esta estructurado el poemario en doce Cantos, en similitud con las doce figuras del cuadro y al igual que en éste todas las perspectivas y los puntos de vista de los doce personajes confluyen en la figura central de Galatea, las líneas de los doce cantos se centran en la amada, así si en el primer Canto, dice: “ Voy  a la consumación de tu cuerpo/ como va Rafael a sus pinceles…” , estableciendo el paralelismo creativo de la pintura y la similitud de la amada con la Galatea triunfante y como en el cuadro, fuera del núcleo  de la tensión del amor no hay nada, y escribirá el amor como pintura : “ Tu pecho duerme reposando la sangre bautismal de las mañanas/ Girasol sediento encumbrado de rocío…”; “…Tus senos son el pan de la providencia…”;  “…Así he ascendido hasta el vértice perdido de los símbolos/ hasta hundir la lengua en el libro azul de los significados …”.











No un cuadro, sino una colección de pinturas, frescos, es el motivo de la primera parte del poemario  Lluvia de aljófar de Encarna León,  en el que recoge la visita a la capilla de San Antonio de la Florida en Madrid, diluvio enjoyado de desbordantes emociones, como catarata de imágenes   detenida en el juego de la luz que la mano del Sordo de Fuendetodos en mágico artificio desbordara en las cúpulas de la Capilla. Así en el poema que sirve de introducción,  dice: “Nácar tibio de ópalo/…/ tiemblan los ojos/ transidos en asombro/ por el grácil contraste/que expande de tu luz/…”   Y en Los Espejos hablaron: “Patena de silencios/ proclama la hermosura/…/Cuenco en rescoldo ofrece/ tesoros cincelados/…” ,  para  culminar la emoción en Esculpióse el arte, en “…este mar fascinante/ donde todo naufraga/…” Y todo queda detenido en los trazos que el aire retiene en el juego de su luz, tiempo embalsamado en el arco iris que la poeta recrea en el gozo de su memoria.


 
La poesía visual, al estilo de los  haiga japoneses en los  que imagen y texto forman un todo absoluto dentro de su sintetismo . reúne pintura y poema. Así el poemario Piel iluminada   de Rafael de Cózar ,  una obra en la que une lírica y plasticidad en hermosos poemas visuales, una forma actualizada del antiguo caligrama del siglo IV a. C , que el escritor Guillaume Apollinaire ya revitalizó a principios del siglo XX. Citaremos el poema “El tiempo, en tanto, /se diluye entre las alas de luna libélula/ ahorcada en el alambre de los cielos” , caligrafía pura sobre un fondo de figuras desprendidas de un ballet, como sombras que lentamente se deshacen en siluetas solas. La obsesión artística por el cuerpo femenino nos depara algunos poemas hermosos sobre una hermosa piel iluminada, como en “Azul ayer en tu cuerpo que no hace mucho/ me miraba con tiempo adolescente/ precisamente tú…/…”, o como un rayo de grafismos sobre un torso desnudo en: “Méretrice, écoute moi: / je dois mourir/ y quisiera doblarte por los pliegues de la vida/ romper mi brazo entre tu selva…”











El poemario “Según la costumbre de las olas” es un iconotexto, en el que Clara Janés y Jeraro Talens  interactúan combinando  unos textos poéticos en prosa poética con unos iconos realizados por Clara Janés . Este libro fue construyéndose paso a paso.  Del mismo modo que se ilumina un objeto olvidado me llegó un día la propuesta de diálogo por parte de Jenaro Talens. Jenaro insiste en que habla desde su vida, no desde sí mimo; se expresa pues en un terreno en progreso, en movimiento donde nada es absolutamente fijo –según la costumbre de las olas-, terreno sin embargo que sustenta un único elemento”, explica Clara Janés en una nota final al libro.  “Yo le mandaba las imágenes a Jenaro y él me remitía los textos”, recuerda la poeta y traductora. Un libro original y exquisito, un poemario dialogado en el que imagen y textos se complementan.  Una misma poesía  sincronizada por dos voces de una dilatada trayectoria poética, como un regalo visual y al mismo tiempo como insinuante música latente que se difunde en su lectura. 







La Historia, el aspecto humano de la misma, la aventura del hombre y su protagonismo absoluto en ella es motivo para uso hermosos poemas en los que prevalece la reivindicación humanista en la obra Raquel Lanseros.”Las pequeñas espinas son pequeñas” galardonada con el Premio Jaén 2013: en su poema “La rendición de Breda”, el alegato contra los poderosos es evidente: “…La sangre de los desposeídos/ viene  saldar la deuda / de la eterna codicia de unos pocos . Sí, mis antepasados estuvieron en Flandes/ aferrando los dedos a sus lanzas de palo.  / ¿Para qué? ¿Para quién?/...“


Tan hermanadas Poesia y Pintura, como predijo Horacio en su Poética, en su conjunción tenemos el único recurso para detener el tiempo, esa antigua ambición del hombre…

©F.Basallote

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