jueves, 6 de marzo de 2014

ART. EL TIEMPO GRAN ESPECTADOR




 EL TIEMPO GRAN ESPECTADOR















El tiempo, ese gran espectador, que diría Borges  o , el gran escultor, de Marguerite Yourcenar, se convierte en nuestra propia materia y ese tiempo incesante es fuente de experiencias que permanecen para elaborar sobre los cimientos de los recuerdos, convertidos en símbolos autobiográficos, fijados en el poema en una íntima arquitectura de elegías.  La importancia de la memoria para el escritor y ese renacer de los primeros símbolos emocionales es vital en la poesía en el sentido que dice Antonio Colinas: “toda la literatura es literatura de la memoria.” y el tiempo es testigo mudo de su desarrollo.


 En El tiempo entre los labios,(Renacimiento,2009) nos ofrece Víctor Jiménez (Sevilla, 1957) una Antología de su obra publicada entre 1984 y 2008, que es además un verdadero manifiesto de su poética en la que son esenciales, como dice en el prologo su editor Fernando Guzmán: “La búsqueda de la intimidad y la revalorización de la memoria”.Y es que la presencia en El tiempo entre los labios del yo íntimo y su fijación asintótica en unos parámetros de memoria no hace sino dar al sentimiento el lugar casi físico de su existencia simbólica, de instrumento de recuperación que vuelve a palpitar en la forma  que Borges dijo : “ Todo poema con el tiempo es una elegía”. Tiempo de volver es el retorno al tiempo primero, convirtiendo  la elegía en cántico de  de ternura: “De aquellos días tibios, serenos de la infancia,/ como vagos esbozos sobre lienzo de niebla/ apenas han quedado, suaves, en mi memoria/ algunas pinceladas …”,   O aquel índice del paso del tiempo que es el viejo reloj de la estación  cuyas agujas  “se clavan en la una, se te clavan…”Del tiempo y la distancia es la última parte en la que de alguna forma el poeta asimila espacio y tiempo, ajeno a cualquier pose euclidiana, llegando a decir que “Hay a quienes separa la distancia/ y a quienes siempre los separa el tiempo.” y que termina con la soleá: “Nos va separando el tiempo./  Tú siempre los mismos años/ y yo los que voy cumpliendo.”









Tomás Segovia, (Valencia ,1927)  ha sido una  figura fundamental de la poesía de México adonde llegó exiliado con nueve años y donde vivió hasta 1985.. Su poesía escrita a mano limpia es la que reúne en el presente Aluvial (Poemas 2007-2008), En Volverse a mirar hay como un retorno a un pasado, con cuyo recuerdo llegan con toda su fuerza vivencias, tiempos y espacios gozosos y doloridos, así dirá ”La evocación es siempre turbadora…”, y al recordar la infancia: “ Hubo un tiempo en el que el tiempo nos trataba/ Como a las bienaventuradas criaturas/ Que él mismo había criado…”  para .que de nuevo aquello que pasó se detenga en ese espacio ficticio de la memoria…de acuerdo con aquello que dijo un día : “ La metáfora del río del tiempo está profundamente arraigada en nuestra imaginación: sentimos que el tiempo no aparece y desaparece, sino que transcurre como un río, es decir que recorre un espacio. En "realidad" la metáfora inversa sería más exacta: es el espacio el que transcurre por el tiempo: el espacio era "el mismo" ayer, pero el tiempo ya no es el mismo que ayer.”

Acercarse a la ingente obra poética de José Emilio Pacheco (México, 1939) es entrar en un universo multidireccional en el que el lenguaje poético adquiere todas las formas y en el que hay una presencia constante del hombre y de los grandes temas de la poesía: El tiempo, la vida y la belleza, la naturaleza, la memoria personal e histórica, Contraelegia ,(Univ. De Salamanca, 2009) es el título de un poema definitorio de su poética, perteneciente a su libro Irás y no volverás: “Mi único tema es lo que ya no está./ Sólo parezco hablar de lo perdido./ Mi punzantes estribillo es nunca más. / Y sin embargo amo este cambio perpetuo, este variar segundo tras segundo,/ porque sin él lo que llamamos vida/ sería de piedra.”  En dicho poema leemos la presencia del tiempo en un concepto heracliteano, así en El reposo del fuego  y en su poema Don de Heráclito dice: “Fuego es el mundo que se extingue y cambia/ para durar(siempre) eternamente…”. Impregnado de este concepto existe en su poesía una celebración del instante, no sólo como culmen sino como  fugacidad. En su traducción de Netzahualcóyotl : “No tenemos raíces en la tierra/ No estaremos en ella para siempre/ sólo un instante breve/…”, queda patente este concepto de su efímera esencia; pero en su poesía hay una trascendencia mayor de esa fugacidad que puede llegar a perdurar en la intensidad de lo vivido, así en su  poema Venus Anadiomena, por Ingres dirá: “ En el cuadro rehecho sin sosiego/ tu carne perdurable es joven siempre./ El mar se hiende atónito y observa/ otra vez el milagro”.











El tiempo, su ineludible tiranía, es motivo para la queja existencial no exenta de la fina ironía que da la tierra y sus arcanos: en “Antología personal” (Ediciones Moreno Mejías. Sevilla, 2010) de Manuel Senra: “Sólo el que tiene el tiempo entre las manos, manda.”, dirá , ante lo que “ el escritor, en su impotencia, es nada:/ la diluida luz que se oscurece./ Pero/ el reloj sigue andando…”, ante lo que dirá: “Hay que vivir, para pasar más tarde./ Hay que reír, para pasar sin prisa…”, única forma de dilatar el paso del tiempo, una personal forma de vivir el presente, que en la belleza que  Abril descubre es gozo : “ Ay corazón, qué lejos late el tiempo/ cuando tu voz acerca claridades!”.  Mas hay una callada certidumbre en la finitud  pese a los esplendores de la luz: “…se entierra el tiempo que ya ha sido:/ una puesta de sol definitiva/…/ Es esa luz , esplendorosa y blanca,/ la que te ensalza y luego te sepulta/ un día ya sin pájaros ni nubes..” Y esa certeza, es también la de la presencia del dolor, que pronto se manifiesta rompiendo felicidades: “Adolescente todavía. Yo era/ un muchacho cualquiera que vivía feliz entre mis cosas/…/ Nunca sentí dolor, pero aquel día/ noté romperse un grito en mi garganta/…/ Después lo he sentido muchas veces…”.









En “Baladas de la memoria”, el poeta chileno Pedro Lastra, habla elegíacamente  del tiempo y de la    memoria: “Hace justo diez años/ Javier Lentini y yo éramos inmortales…”,  y tiempo y nostalgia hablan del maestro Ricardo Latcham : “ Todo es cuestión de tiempo, como se dice,/ para encontrarlo a Vd., también como se dice,/ a la vuelta de la esquina. Entonces /el discípulo y el maestro seguirán dialogando…” o de los amigos: “… Enrique Lihn, amigo de mis mejores días/ (esos que no llegaron)/ qué puedo hacer por fin/ para encontrar el reino que solo el sueño crea…”, “ Yo digo Roque, Roque,/ y empieza esta función como en un cine continuado/…”.Elegía que a veces deja transitar el dolor: “Deja pasar los años, Víctor Jara, / en el tiempo que viene/ nadie recordará/ al oscuro hombrecillo que ordenó que murieras…”. El tiempo, ese factor elemental de la memoria, con el que la elegía y el recuerdo traban la inconmovible presencia de lo pasado es asimismo factor primordial en esta poesía: “ El futuro no es lo que vendrá/ (de eso sabemos más de lo que él mismo cree)/ el futuro es la ausencia…”, “ Y vinieron los días/ ajenos a sí mismos, / y de nuevo el destello…”. Tan presente la fugacidad y el juego verbal de su contrario: “Y éramos inmortales. Nuestras flechas/ daban justo en el blanco…”
El paso del tiempo, su sedimentos en la memoria, llega a formar parte de esta poesía de la memoria, de la poesía más asentada y al mismo tiempo la que tiene el poder de revivir aquellos instantes que moldearon las poéticas, la que nos permite vibrar con el resurgimiento de los instantes  más decisivos en la vida del poeta, gracias a ese poder alquímico de la memoria, que con el tiempo elabora su más bella estructura

©F.Basallote


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