sábado, 11 de enero de 2014

ARTÍCULOS. VISIONES POÉTICAS DE LA CIUDAD



VISIONES POÉTICAS DE LA CIUDAD
















La ciudad, ese espacio que para Spengler definiría la historia de la humanidad y que para  Ortega y Gasset era “ un ensayo de secesión que hace el hombre para vivir fuera y frente al cosmos..  ”., es para el poeta lugar de la nostalgia, paisaje encendido   con las más tiernas luces , las que llevan dentro las candelas del tiempo de la dicha, los instantes perdidos del paraíso. Todo poeta tiene un referente espacial, el lugar de la emoción  o de la dicha, ese sitio que marca el encuadre de una escena irrepetible, inevitable lugar donde la memoria se hace elegía, canto, pura nostalgia. 
Desde los albores de la humanidad la literatura está llena de viajeros que no dejan de buscarse a sí mismo en la manifestación del mundo que hallan. Desde el Poema de Gilgamesh, hasta el Ulises de Joyce pasando por la Odisea o la Eneida,  el Libro de las maravillas de Marco Polo,  la Divina Comedia, o el Quijote, el universo poético no es sino un continuo sendero por donde el poeta –es decir el hombre- ejerce la inacabable tarea de intentar encontrarse.


Luis Artigue (León, 1974) es uno de los poetas leoneses mas conocidos . Su obra “ Los lugares intactos” (PreTextos 2009)recoge las emociones que las ciudades han ido dejando en el camino de este joven poeta y que quedan en el poema como destilación de una experiencia similar a la de la vida y el amor…sendero que incide en los íntimos resortes del corazón. En ella manifiesta un cierto sentido del descubrimiento en las grandezas aparentes de la humanidad, como dirá en el Machu Pichu: “buena cuenta del éxito, del poder, de la vida/ y del amor eterno/da/ asomarse a las ruinas de un imperio.”o en los lugares escondidos como: “La oscuridad de una pequeña ermita/ es la de todos esos poemas que expanden el entendimiento”, en Aveiro. En Una ilusión de continuidad, dirá desde la capital del mundo: “Me siento como el árbol que se mira en un río desde que estoy en lo alto/ de Nueva York.” .Y desde las alturas del Duomo de Florencia: “…El  trémulo/ entramado de nubes. / La villa inmortal enardecida con cierta luz de ficción/ que han tomado prestada a crédito los cuadros del Cinquecento.”  Llegando  a “Jerusalén, la ciudad  cuarteada por las apropiaciones de Dios.” y terminando en Roma: “la ciudad cuya belleza aún es un edicto de alegría “

Hablando de Roma  hemos de citar a Paco Vélez, y su Roma antigua    ese espacio donde el tiempo y la historia se entrecruzaron a orillas del río de la Bética  creando esa metáfora de Roma o espejo que fue en “Itálica y otros poemas” (Nuño Editorial, 2010).Penetrar en los secretos de  Itálica, saber leer sus signos en el vuelo de las aves, en la melodía del canto del mirlo, en la música callada de los cipreses, en los colores del cielo, en ese olor del tomillo y de la retama entre mosaicos y muros vencidos , “Estos…, /campos de soledad, mustio collado/…” , donde con su paciente y buen hacer fue alma y poseedor de todos sus arcanos durante un tiempo que  en estos poemas perpetúa. Como un legionario que viniera de una lejana campaña dirá: “…Venimos desde Roma atraídos por este/ paisaje de luz y brisa azul y verde/ las viñas, los olivos, un río que endulza/…” y sorprendido por tanta belleza  dirá: “¡Queremos ser cautivos de este cielo!”. Y entre sus olivos recordará “…símbolos de mitos y lejanías de una niñez…”, a la par que evocará cómo “…del fruto de sus ramas/ luego oro fundido de la Bética/ en ánforas de barro hasta Roma./…”. Y Roma se transforma en su imagen, Itálica sentida y vivida , desde “…el ruiseñor cantando/ a Venus su amor diario”  al recuerdo de un tiempo: “En estas calles fue posible escuchar/ amor y odio, las risas y las lágrimas/…/también la ira desatada de los dioses…”,“…paseo recordando,/ aquel pasado en vuelto  en mármol grana…”, pasando, sensorial, en primavera por “Las amapolas,/ margaritas y lirios blancos/ coronan el Anfiteatro…”, admirando el duelo   de las diosas: “Desde su bosque Diana/Eterna a Venus contempla…” o el mosaico de los pájaros que le hace decir: “Si en esta tarde sonara la voz de Virgilio…tal vez estos pájaros levantarían el vuelo…” o la danza de la náyade, a la que pedirá: “ Huye del frío mármol de Carrara,/ baila, muestra danzarina/ tus placeres y pasiones/…”.

Las noches de la ciudad eterna, en una visión especial en un  hermoso y complejo libro “Cuatro noches romanas”, Guillermo Carnero (Valencia 1947)  poeta que domina no sólo el lenguaje de la mejor poesía sino que logra en esa dúctil materia con las sutiles herramientas de la emoción y los más hondos pensamientos, levantar un espléndido homenaje no sólo a Roma sino a la perenne gloria de la Poesía. Pero Cuatro noches romanas no es un libro elegíaco al uso, es algo más, es una especie de meditación final, una recapitulación de lo vivido, el amor, la belleza, el arte, y el hallazgo del vacío tras el tiempo … en un diálogo en cuatro fases con la Muerte. En Campo de Fiori, dice la Dama :” – Después de tantos años escribiéndome/ hoy has venido a verme.” y responde el poeta “ –Siempre supe/ que hacia ti me llevaba mi destino ,..”.En el Jardín de Villa Aldobrandini, donde “- Nadie, hace siglos, viene por la noche/ a este lugar oscuro y solitario”, dice la Parca y le contesta el poeta: “–Lo sé; pero me atrae su rüina/…/ la fuente muda cuya taza cubre/ un amasijo de raíces muertas. / Hoy no quería verte/ entre las luces y el bullicio. En el Cementerio Acátolico se desarrolla la tercera noche romana. la Dama dice: “-Mira a tu alrededor; no te complazcas/ sólo en la destrucción y la rüina. /No hay lugar en el mundo donde brille/ más alta/ la belleza de la muerte.” 


En Desde este otoño, el poeta tinerfeño  Miguel Martinón, escribe la elegía simultánea del tiempo y del espacio, de la  vivencia intensamente renacida: “.Ciudad tan próxima y tan lejana/ puedo verte a través de las palabras,/ que vuelven al nacer el día/ oírte desde dentro y desde fuera/ inestable en el filo de la hora…”/, “ Te veo desde fuera y desde dentro/ te veo entre la lava y la palmera…”, “..y te llamo y te oigo,/ Oh ciudad de los flamboyanes,/ por los mares sin bordes del insomnio,/ cuando la luz callada llega hasta esta hoja,/ hasta los ojos que la leen/ y todavía pueden verte.”


En otras ocasiones la ciudad evocada forma parte de lo que Spengler llamó historia ciudadana, es decir historia de la humanidad, como sucede con José Emilio Pacheco, que en su libro  Ciudad de la memoria,(ERA, México, 1989) canta a las culturas desaparecidas, como en Presagio de Islas a la deriva:   -Vuelven los dioses- dijo Moxtezuma-/ Las profecías se cumplen. No habrá oro/ capaz de refrenarlos. Del azteca/ quedarán sólo el llanto y la memoria.”


Sara Herrera Peralta ( Jerez de la Frontera, 1980) en “De ida y vuelta” (Editorial Difácil. Valladolid. 2009) hace un recorrido interesante.   En El Trayecto formado por veintiocho poemas, cada uno titulado con el nombre de una estación de la línea seis del metro de París que se inicia en la Place de Nation y termina en L´Etoile. Sara Herrera transforma el viaje  subterráneo en un hermoso monólogo en el que el metro parece abandonar su itinerario habitual para adentrarse en un recorrido interior. No podemos desechar el simbolismo de este trayecto, iniciado en un sitio histórico de la Revolución que aún habla de muerte y que termina en el sitio en que el esplendor de la vida se manifiesta en plenitud.  No podemos perder este simbolismo, ya la poeta dice al comienzo: “ Una vez creí que la vida estaba muerta, me adentré en el túnel..”.En este trayecto desde la muerte cuenta que “ La historia sucede en un asiento viejo ocupado por un cadáver/ que lleva bastón y gafas retro…”, encontrando en los pasajeros  a “ la madre que amamanta con el dolor bajo la lengua…”  y bajo Montparnasse recordará a “Chagall, Soutine, Miró, Kandinsky, Picasso…”, vivos en su arte y en el andén observará como una pareja se separa: “Ya son andén,.Ya son distancia.” , para decir al final del trayecto que “…queda la luz, siempre, donde vayamos.” Es como una inversión del destino, de la muerte a la luz…La segunda parte, El Viaje, consiste en otros veinte poemas, cada uno podríamos decir que “etiquetado” con los códigos de los aeropuertos con que las compañías aéreas rotulan las tarjetas del equipaje, el origen o el destino de sus vuelos. Inicia el viaje en Fiumicino [FCO] y tras hacer escalas en aeropuertos de los cinco continentes, diciendo “ Las maravillas del mundo exploran mis dedos…” o “Al llegar al límite de los besos, aún en el destierro,/ las sábanas se agotan…”, al llegar a Tokio dice “ Hoy , que renace Madame Bovary./…/ Y sólo tengo un arma,/ que es la herramienta de mis manos,/ el vértice de mi garganta:/ la palabra.· ” Llegando a decir en París [CDG]:  “ Hoy soy todos los paisajes que quise ser…” y al terminar en Lisboa dirá: “Admito que sólo busco/ la compactación de la esperanza..”

En el  poemario Ocho islas y un invierno, de Marta Navarro (Zaragoza), que desde un estadio de sensaciones luminosas nos traslada a un archipiélago intenso de emociones, en un fecundo artificio de creación en el que suenan cercanos los versos de Baudelaire y las restallantes pinceladas de los impresionistas. Colores asimismo de los lugares, de las ciudades luminosas, “El bosque urbano que habitamos/ nos cede la memoria de la nieve.”, color a veces triste como  “Hoy no escribo palabras, hoy las escupo, / las derramo una a una/ contra el cielo plomizo de Yakarta.”, o llenas de frenesí como “Regreso a Taormina,/ a la intimidad de sus curvadas calles/ …/con el sudor rubí en la cintura/ y el deseo trenzado/ sobre infiernos de seda.”

En  La  Ciudad, (Pretextos, 2011), el poeta salvadoreño Jorge Galán( El Salvador, 1973).nos habla de la ciudad agredida por la falta de convivencia, constituyendo un alegato contra la desestructuración urbana de la vida moderna.  La niebla es la agobiante presencia de la cotidiana pesadumbre de la ciudad asediada, en la que las pérdidas elevan la categoría de  la tragedia, “La ciudad se ha reducido a un murmullo lejano…”  y en ese paisaje:” la veo marcharse calle arriba como quien ve su propia alma/ abandonar su cuerpo y ascender y perderse./…” y el tiempo vuelve a ser una medida de lo imposible: “…¿Cuántos años de espera me acompañan?...”, en el que sólo la nostalgia pone una cierta luminosidad:  “…Pequeño antiguo amor y si tus brazos/ y si todo tu cuerpo cayese sobre mi/ como esa nieve que cubre los caminos…”. En Lo real,  se manifiesta con mayor intensidad el desasosiego de una ciudad sombría: “ …la ciudad que se hundía en el fango/ como una viuda ensombrecida,…”. La vida en un barrio joven protegido por barreras  “Como una ciudad solemne de hace quinientos o mil años/ este pequeño barrio joven está rodeado de murallas…”, una terrible cotidianidad en una ciudad que “ha modificado nuestras almas originales,/ las ha provisto de una esencia distinta/ y esa esencia es semejante a la del animal/ en el instante de proteger la cueva del refugio/ a punto de la primera nevada.”.

La voz de los poetas en todos sus registros nos ofrece un abanico de visiones donde la nostalgia y el canto ejecutan la trama más sutil de ese espacio donde la humanidad manifiesta su vocación de colectividad, la urdimbre de la historia…

©F.Basallote  


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