domingo, 1 de diciembre de 2013

CÁDIZ EN LA POESÍA DE JOAQUÍN ROMERO MURUBE




CÁDIZ EN LA POESÍA DE JOAQUÍN ROMERO MURUBE










 


JOAQUÍN ROMERO MURUBE









 

Joaquín Romero Murube

Nació en el pueblo sevillano de Los Palacios y Villafranca, el 18 de julio de 1904. Durante toda su vida participó activamente en diversos acontecimientos propios de la ciudad de Sevilla, de la que fue un amante y defensor empedernido; este poeta fue Redactor Jefe de la revista Mediodía, ateneísta,  Director de los Reales Alcázares, pregonero de la Semana Santa del 1944, Rey Mago en la cabalgata del 1937 y Hermano de la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo.

Vinculado a los vanguardistas de su época, su afición por la escritura comenzó a una temprana edad. Así en 1923 publicó La tristeza del Conde Laurel y Hermanita Amapola en 1925. En 1929 escribió Sombra apasionada, libro dedicado a Gabriel Miró, donde alterna diversas técnicas narrativas como expresivas: prosas sensitivas y creacionistas, surrealismo, poesías clasicistas y neopopularismos. En este primer periodo narrativo y poético de Joaquín Romero Murube se denota la influencia de autores como Ramón Gómez de la Serna, Valle-Inclán o Pedro Salinas. 













En 1934 publicó el ensayo José María Izquierdo y Sevilla, fruto de la concesión del Premio Izquierdo de ese año, otorgado por el Ateneo hispalense. Ese mismo año publica otro ensayo titulado Dios en la ciudad, que más tarde incluyera en su obra Sevilla en los labios, en 1938, uno de sus libros más importantes. En 1943 publicó Alcázar de Sevilla - Guía turística, y su Pregón de Semana Santa en 1945, Memoriales y Divagaciones entre 1950 y 1951, Lejos y en la mano en 1959 y Los cielos que perdimos en 1964; las tres últimas obras forman su trilogía sobre los espacios de la memoria. También escribió una obra sobre la figura de Francisco de Bruna y Ahumada, sobre sus experiencias y logros en sus 42 años como responsable de los Reales Alcázares de Sevilla, justo como dos siglos más tardes lo sería nuestro poeta.









También se deben destacar sus obras Ya es tarde (1948) y una hermosa elegía de su pueblo, bajo el título Pueblo lejano (1954).

 Su poesía fue evolucionando a lo largo de sus obras, desde Sombra apasionada, pasando por Siete romances (1937) -que dedicó a García Lorca, sin nombrarlo-, por Canción del amante andaluz -donde vuelve a la mirada interior del poeta- Kasida del olvido -asomo a la poesía arábigo andaluza-, Tierra y Canción -recuerdos portugueses y florentinos-, su última obra.

 Gran amante de Andalucía, tiene sentidos poemas a la región y a sus ciudades, además de los que dedicó a  Sevilla.


A Cádiz dedicó, entre otros poemas, éstas












FALSETAS EN LA BAHÍA

Anoche, con luz de luna,
sin que nadie me escuchara,
dijo su canción más honda
mi soledad de guitarra.






Por el malecón subía
al filo de la muralla
un perfume de guajira
triste de Cuba y de España.




Y luego cante de Cádiz…
Hondura de madrugada
con estrellas en las voces
y el mar amargo en las almas.


Los hombres tienen su pena
en intimidad cerrada,
pena de nardo y orgullo
con raíces ignoradas.

¿Y qué se te importa a ti
el color de mi desgracia.
Te enteras porque te enteras.
Por culpa de esta guitarra.

Entre salinares rosas
y jardinillos de agua
hay un camino camino
de San Fernando a Chiclana.

Tengo una mujer en Cádiz
y otra mujer en Triana.
Las dos de carne y de  sueño.
Las dos se ven en el agua.

¿Qué dónde vivo en Sevilla?
No tengo alcoba ni casas
Vivo en el barrio de espejos
que hace el río en Triana.





Tuvo una intensa relación con Cádiz y su provincia, -veraneó en Conil-, por lo que fue intimo conocedor de sus  playas, a las que poetiza en innumerables poemas, escogiendo de todos ellos , como representante de su  amor el siguiente:












LAS PLAYAS DE HÉRCULES

 De Roche a Trafalgar, playas de Hércules
trono del sol y puerta de dos mares
por donde mi dolor paseó un día
llama de angustia en puras claridades.

Luz sin final, esencia de sí misma
que ahonda el horizonte en lumbraradas,
donde los ojos mueren impotentes
para seguir, de Dios, la veste en llamas.

Montes de sal, pinares sobre el oro
del roquedal batido por las olas.
Aguas por donde el sol vuelva sus luces
creando los caminos de las horas

Y un latido de espumas fugitivas
que acompasan las olas en la arena
con una sideral música blanca
de onda que lame el borde de la tierra.

Nácares, conchas, luz petrificada
que su alma en iris lanza por los aires.
Arenales que al viento se doblegan
guardando su caricia en suavidades.

Perdido en esta luz ¿qué son los ojos?
¿Qué junto al mar, el cauce de mis venas,
ni el ritmo de mi canto y mi palabra
junto a la voz del aire en las canteras?

Sólo tu fuerza, amor, tirano y rey
de mi sangre y mis ojos, dulce fin,
puede llenar tan vastas soledades…

¡Y en esta soledad, yo vivo en ti!















Y en esta RUTA DE CONTRABANDISTAS, recorre la costa desde Tarifa a La Isla, siguiendo los pasos de los contrabandistas:

RUTA DE CONTRABANDISTAS  




Tarifa, castillo y playa,
Tarifa, con sus balcones
sobre el Estrecho y la costa
negra de Sierra Bullones.




Zahara de los atunes
no tiene calas ni abrigos.
Hacia los Caños de Meca
por Bolonia y sus castillos.





Entre dunas y palmares.
Los pies en la arena blanca
se hunden en suavidades
como el viento por el agua.






Ya en la trocha de Vejer
los cinco contrabandistas.
Ya se han quitado el sombrero
por la Virgen de la Oliva. 








Y en Facina y Benalup
hacia las sierras de Bornos.
Montes dorados de ocaso.
Valles de azúcar y mosto.









El peñón de los ingleses.
Las serranías de Ronda.
Y hasta los barcos de Cádiz
desde Medina Sidonia.











San Cristobal de los montes
por Grazalema se empina,
con torrenteras azules
y soledades de sima.







 


...En una casa de sal
con molduras encaladas.
En una casa cualquiera
de la Isla o de Chiclana.






F.Basallote

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