martes, 24 de diciembre de 2013

ARTÍCULOS. LOS ESPACIOS INMUTABLES



LOS ESPACIOS INMUTABLES
















Cuando hablamos de poesía de la memoria amalgamamos en el mismo concepto los ámbitos espaciales y los temporales del suceso recordado, cumpliéndose  en ello paradójicamente la Teoría de la Relatividad, y en concreto la definición espacio-tiempo que recoge la noción de que el espacio y el tiempo ya no pueden ser consideradas entidades independientes o absolutas. Y en realidad así sucede generalmente en el poema, en la emoción recordada que aunque esté producida por el recuerdo de un instante o al revés, de un lugar, arrastra irremediablemente consigo al otro parámetro.

Sin embargo eso no se produce siempre y, salvo en la poesía intensamente intimista, prevalece en el recuerdo la presencia de los lugares donde se cobija la emoción. Dice
Juan Carlos Mestre: “Siempre se regresa al paraíso perdido. Lo cierto es que uno vuelve al territorio de la infancia, a los “loci memoria”, a los lugares de la memoria. Son los espacios donde tuvo uno por primera vez conciencia de la palabra árbol, de la palabra río; donde vio por primera vez una mariposa, un relámpago…”   Y Borges dirá: “Se que he perdido tantas cosas que no podría contarlas y que esas perdiciones, ahora, son lo que es mío …  No hay otros paraísos que los paraísos perdidos.”. Es decir se canta lo que se pierde, pero esas pérdidas tienen un espacio…Todo paraíso estuvo ubicado en ese ámbito físico de la dicha. Tomás Segovia escribe en sus Diarios: “Cuando evoco alguna época mía, tengo la sensación de que esa época no está en el tiempo, sino en el espacio…”.

Cuando Juan Cobos Wilkins dice en Biografía impura: Un niño mira sombras en la pared. Ignora/ aún qué es sombra…/…/ Es su relámpago, el inicio de su memoria/…” está definiendo el proceso de transformación de un fenómeno que se produce en el espacio en la raíz emocional de la memoria y cuando Coriolano González  en el poema de Códice de la ciudad  de su libro  Otra orilla, se pregunta: “¿Dónde aquel banco en el que fui besado/ por vez primera/ y el tiempo se detuvo?, ¿Dónde están aquellas plataneras/ que desbordaban de luz y olor/ la travesía por el barranco…”, no hace sino reconstruir esas emociones sobre la planta real del espacio recordado.  Y si Víctor Jiménez en El tiempo entre los labios  desciende a la memoria lo hace al espacio ineludible de sus emociones: “Puente aquel de San Bernardo,/todavía pasa el tren/ de mi infancia por debajo.”. A veces el espacio, el “loci memori”, es la propia carne, la inmediatez de la emoción es tan profunda que la memoria tiene argumentos para su recuerdo:“ La piel tiene memoria. Cada rayo/ de sol, cada caricia, cada brizna/…/ Piel con piel, en la tuya/ redescubro esas páginas / que el terco tiempo escribe/…/”dice en Intermedio Juan Lamillar.

La mirada del poeta hacia el pasado no es hacia algo perdido, ya que permanece en el corazón, emoción reconocida en el sueño de un mar, en las imágenes recobradas de una luz que viene de nuevo desde un cielo topacio, desde unas nubes, desde las montañas lejanas en los húmedos alisios, una vida que se hace dolor y presencia. : “Soy poeta de la distancia. Escribo hacia el pasado. Miro a mis islas desde ese mito inaprensible, desde esa inaccesibilidad que trastoca mi alma…”  dirá el poeta canario José Carlos Cataño en Lugares que fueron tu rostro  y en Penúltimo mar del también canario Miguel Martinón , la nostalgia se hace palabra esencial: “La voz quisiera a veces/ revivir pura/ aquella vibración del bosque,/ decir la luz, la luz desnuda,/…”, detener el paso del tiempo: “ A veces quiere  la palabra/ que todo quede detenido,/ que no cambien las cosas, / para escuchar más claro el tiempo, / el silencio del mundo…” .En Mañanas de Añaza, la memoria se hace  presente: “Trae la hora toda esta luz/ al espacio naciente de la página,/ y presiento mañanas ya vividas, mañanas ya escritas,/ que regresan tan veloces huyendo hacia el olvido./…”. Cualquier incidente es evocación, tiempo regresado: “Un vuelo alto de palomas/ despliega el tiempo, eleva las palabras/ sobre el mar de los días./…”..  Y el tangible lamento del muecín le devuelve  a Encarna León en Lluvia de Aljófar unos espacios de la tierra que la memoria aviva: “El  muecín me trae otras tibiezas calmas/ de amigos que se fueron,/ amantes, ellos, de minaretes/ acequias, escarcha y palacios. De jardines de té, de hierbabuena/…”.

En La casa que habitaste Jorge de Arco   en un lento proceso de retorno un tiempo perdido se hace presente: “Regresas hoy a lo que fuera tuyo/…/ al río extenuado de esta casa./…/ Han pasado los años y las sombras/…/ Giras el pomo y arden/ los ojos y los labios/ al cruzar las heridas de una puerta silente/…” , y  esa es una presencia lacerante : “Ahogas una lágrima –o un grito-/ de ausencia en la garganta/…”  , en ella  “Resbala el alba/ por tu melancolía y amaneces/ con un puñado / de soledades rotas/…” y  vive lo perdido  regresando en el tiempo : “…y atrasa el corazón cuando memoras/ la  albórbola irredenta de los pájaros, / el olor de la harina molinera,…”, al fin y al cabo los instantes de la dicha  que  se fue y que en esta casa se hace dolorosa herida: “ Y nada duele tanto/ como la certitud de tantas soledades/ aún por recorrer,…”.

 Y momentos de tristeza en los que vuelve a lugares de hondas vivencias. Así en el poema Aguardiente de Alosno, de su poemario De bares y de tumbas dirá Manuel García: “ …cuando ando desheredado y sin dueño como perro antes del atropello, vuelvo a Alosno a identificarme sorbo a sorbo con el campo fértil y la tierra entrañable, a una tasca popular donde hombres curtidos consumen lentamente los tragos de su vida.” .Momentos en los que el recuerdo va fijado a un estadio del día, como  dice Jesús Cárdenas  en La luz entre los cipreses: “…Mientras contemplo los atardeceres/ repaso –privado casi del juicio-, / el instante en que íbamos sentados/ en el mismo vagón/…” 

A veces  el retorno a los lugares de la memoria produce   un redescubrimiento. Pedro Sevilla en Todo es para siempre dirá: “ A veces, de la mano, salimos a la plaza/ y el calor de la sangre, por cima de la piel, me trae a la memoria, qué curioso, recuerdos de otro niño. Y mucho más curioso, me trae unos recuerdos que yo desconocía…”,aunque permanezcan intactos otros instantes de la vida en el pueblo  :”Crepúsculo de agosto./ La tarde cae en el huerto/ demorando su oro en los rosales,/en la bíblica higuera, en los dulces planetas del membrillo…”  Y otras veces es el retorno con el que culmina la ausencia, como canta  el poeta chileno Pedro Lastra en Baladas de la memoria: “Mientras espero tu llegada/ las aves sobrevuelan el jardín silencioso/ ellas también te esperan/…/ y te veo venir por un claro del bosque/ junto al agua real…” , dándole al jardín silencioso el espacio inolvidable del amor.

En el recuerdo de lo inmediato, de los lugares donde se estructura la memoria de la sensibilidad, es bastante frecuente y además es el primer estadio en la elaboración de esa emoción que permanecerá para siempre en el poema, al margen de que cohabite con el recuerdo del tiempo; pero el tiempo pasa, quedan intactos los lugares de la memoria…

©F.Basallote


Libros mencionados

J.Cobos Wilkins. Biografía impura. F.Lara,. Sevilla. 2009.
Coriolano González. Otra orilla. Baile del sol.. Tenerife, 2008
Víctor Jiménez. El tiempo entre los labios. Renacimiento. Sevilla, 2009.
Juan Lamillar. Intermedio. F. Lara, Sevilla, 2009.
José Carlos Catano. Lugares que fueron mi rostro. Ed. Bruguera, 2008.
Miguel Martinón. Penúltimo mar. Ed. Idea., Tenerife, 2011.
Encarna León. Lluvia de alfójar. Zumaya,   Granada, 2010.
Jorge de Arco. La casa que habitaste. Rialp, Madrid. 2009.
Manuel García. De bares y de tumbas. Hiperión, Madrid. 2011
Jesús Cárdenas. La luz entre los cipreses. E.E.Huida, Sevilla. 2012.
Pedro Sevilla. Todo es para siempre. Renacimiento, Sevilla. 2009.
Pedro Lastra. Balada de la memoria. Pretextos, Valencia. 2010.

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