viernes, 8 de noviembre de 2013

ARTÍCULOS: EL PAISAJE EN LA REVISTA CÁNTICO.



EL PAISAJE EN LA REVISTA CANTICO










EL GRUPO CÁNTICO

Mientras en Europa, en palabras de René Huyghe[i]:” Las artes habían sido sacudidas por el choque de la guerra hasta en su razón de ser”, provocando unas perspectivas y caminos bien distintos de los que soñaran las vanguardias desde el punto cero de la desolación que tan bien representara Max Ernst en su cuadro Europa después de la lluvia, 1941;  en España,  asolada tras la guerra civil, en todos los sentidos, el desastre había llegado a lo más profundo de la paramera, su esterilidad creadora.

En el ámbito poético, dos revistas Garcilaso y Espadaña, nucleaban la poesía de los años cuarenta: una desde el oficialismo militante de los vencedores, cultivadora de una poesía seca y fría, de rígida perfección formal, ausente del tiempo  y la otra,  pretendida opositora, postulante de un falso existencialismo y una patente despreocupación por lo formal.

En ese ambiente nace en 1947 de manos de un grupo de jóvenes poetas cordobeses todo un proyecto literario de renovación de la poesía andaluza y española: Ricardo Molina, Juan Bernier, Julio Aumente, Mario López y Pablo García Baena, crean CÁNTICO , una Revista que nace sin ningún apoyo oficial, acosada por la censura,” en  una ciudad cerrada si no hostil” , como dice Pablo García Baena[ii], que la define como plenitud  de libérrimos versos derramados cuando todo se medía en imperiales endecasílabos, goce de los sentidos en la larga abstinencia de la posguerra, cultivo de una actitud estética independiente”. Nadie mejor para definir las circunstancias que rodeaban a Cántico que uno de sus mejores conocedores: Guillermo Carnero [iii], que nos dirá que “ es admirable que la llama de los jóvenes que fundaron Cántico supiera nadar por el agua fría de Garcilaso, de Espadaña, del existencialismo impostado y del mesianismo político” .

Cántico más que una revista o un grupo, fue, en palabras de Pablo García Baena[iv] : Un himno a la dicha de vivir, desde la desposesión y la elegía” .    

Las características de su lenguaje poético son: el ahondamiento en búsqueda de la palabra justa, el intimismo llevado como experiencia hacia un paganismo carnal, el dominio de la imagen y la metáfora, la reivindicación de Góngora y del ritmo sugestivo y caudaloso  de los poetas de la Generación del  27.  De nuevo García Baena terminará de definirnos su poética:
“ Desoyendo a Ortega los poetas de Cántico hicieron una poesía expresamente impura e intensamente humana, visual, una plenitud armónica de intelecto y sentidos”.  Vitalismo irrenunciable que hizo decir a Ricardo Molina: “Otra sabiduría no quise...”

EL PAISAJE EN CÁNTICO

En esa poesía visual, y desde ese marco intensamente humano, es evidente que la poesía de Cántico llevaría la eclosión de los sentidos a la Naturaleza de la que participan dionisíacamente, al paisaje tan cercano, tan mediterráneo, alcanzando la emoción cezanniana   “de la acentuación poética de la verdad natural”  radicada en el Paisaje y cumpliendo aquello que decía Azorín [v]: “ Hace tres siglos un poeta contemplaba el paisaje y lo describía impersonalmente...Ahora no, paisaje y sentimientos son una misma cosa..” ratificando al mismo tiempo las palabras de Matisse en sus Notas de un pintor : “ los artistas que se apartan voluntariamente de la naturaleza están de espaldas a la verdad”.

No, no podían vivir de espaldas a la verdad que los hacía dioses  y en las páginas de Cántico[vi]  leemos las más hermosas palabras para ese paisaje, que se convertía en algo visual, tangible, intensamente vivo: desde el Sur a la noche pasando por el silencioso campo andaluz y la exaltación de los sentidos hasta los paraísos de sus huertas y jardines.

El Sur como coordenada absoluta de la dicha, como ámbito sublimado del goce, como referente estético e irrenunciable historia,  será elegíacamente evocado por Juan Bernier[vii] :









“ Sur, inmenso Sur, con el mismo rostro en los huertos del Hedjaz
donde el agua es como una muchacha a quien cuida un amante
donde cada gota es como una moneda de oro que el avaro guarda en su cántaro de barro.
El mismo en los jardines de Granada donde sólo se oye la líquida voz de las fuentes,
en los parques de Sevilla entre cuyas sombras crece el hormigueo burbujeante del sol,
y más allá, en la tentación desnuda del seno azul y lechoso de Nápoles,
en el que las sirenas y las estatuas yacen sepultadas bajo
el abrazo verde de las algas....”
(CANTO DEL SUR)

 El jardín como paraíso íntimo, el paisaje más delicado donde mármoles y bronces pugnan en el rumososo silencio sombrío con el esplendor glorioso de la luz y los perfumes, la absoluta riqueza sensorial.

Julio Aumente[viii]  nos transmite el instante del azahar en la geometría del boj.   :











“...Y otra vez los naranjos, están en flor y esparcen su perfume
 por los cuadros cuidados de bojes y arrayanes
formando laberintos y estrechos miradores....”
(CÁNTICO SIN NOMBRE).

Mientras que en PabloGarcía Baena[ix]  sentimos la decadente frondosidad de sus umbrías:

“...Ella tenía en sus labios el sabor corrompido de las hojas caídas
y subía por sus venas ardientes, como savia,
la humedad del jardín, los muros derribados coronados de yedra
y el selvático canto del árbol elevando en la tarde su arpa sollozante...”
(ÁGHATA).

El paisaje urbano, en su trama y sobre todo en su permanente conexión con el paisaje exterior, el campo y la sierra tan cercanos, nos es acercado con sorprendidos ojos filiales...

Así ve la ciudad de Córdoba Julio Aumente[x]   










“ Desde este mirador veo Córdoba: Sus torres
y sus casas bañadas en el sol de la tarde.....
Por la campiña se vuelve el aire tenuemente violeta
y en la sierra los montes oscuramente azules....”
(PAISAJE CON CAMPANAS).

Y ésta es la visión de su Puente Genil natal  que nos da Ricardo Molina[xi]  :

“..Desde la cumbre desnuda del Cerro
de Jesús aun se siguen divisando
las blancas huertas y el Genil; al fondo
Castillo Anzul de oro entre olivares...”
(CARTA A JUAN REJANO).


El paisaje total, el más puro, la inagotable fuente de los colores y de la plenitud sensorial que humaniza en su exaltación el cósmico misterio de la tierra alzada,  montes oscuramente azules o encendidos de la sierra ,  en boca de Mario López:

“ Encienden las veletas sus barrocos santelmos
- gallos y ángeles de herrumbre- en el relámpago azul de los olivos
y por Sierra Nevada el arco iris sangra el plomizo otoño de las nubes...”
(TORMENTA DE FINAL DE VERANO) [xii]   

“ Y amapolas lejanas temblaban encendidas
por los pueblos del llano y a sus pies el tremendo
fantasma de la sierra la miraba con ojos/ de remotas hogueras....”
(ALBADA)[xiii].

 Mientras, Juan Bernier [xiv] , da plenitud a los sentidos con su visión:










“ Lejos, entre los montes y los riscos dorados por la miel de la jara,
donde huele el romero y los pinos estallen
con su verde cohete sobre el azul del cielo...”
(SIERRA).

Y Ricardo Molina[xv]   nos emociona luminosamente :

“ Al mediodía lumbres
destellan las mil hojas
del espeso avellano.
Desde fragantes jaras
a mi llega el arrullo
de acongojada tórtola...”
(SANTA MARÍA DE TRASSIERRA).

 La profunda y feraz campiña, tan plásticamente definida  en los versos de Juan Bernier [xvi] :










“ Vemos allá entre los tarajales y las adelfas amargas
cuando no hay flores ni rocío, sino ardor de hojas y ramas asfixiadas,
cuando muere la hierba entre el estallido de las libélulas radiantes
y los insectos rojos pregonan el parto múltiple y alborozado de la tierra.”
(TIERRA DE AMOR).





A la que Mario López detiene en el vuelo de un instante:

“ Mirar los surcos, mirar las palomas
de la campiña trasvolando alcores
de noviembre, el invierno de las nubes
a sol traspuesto, los silencios del oro....”
 (GEÓRGICA DE NªSRA. DEL CAMPO)[xvii]   .

 O en los preludios del crepúsculo presentido:

“ Porque ya el mar de los trigales arrojaba en la playa sus perros olvidados
que venían ladrando a Venus por la baja marea de los caminos...”
 (CALLE DEL CAMPO) [xviii]

O en el paisaje fluvial trasvisto por Ricardo Molina [xix]   :

“ ...A través de los juncos salpicados de lirios amarillos,
a través de las vides silvestres que sombrean la orilla del río
a través del romero marchito y de las adelfas rosadas...
(SECRETOS).

La luna es el centro del paisaje nocturno, portadora de un misterio antiguo y mágico que  tan leve y tan certeramente describe  Ricardo Molina [xx] :
“ Espesa,
oscura,
insondable
es la montaña.
Inmóvil
a la luna
se abre.”
(SERRANA).
Y con la misma contundencia y concisión, Julio Aumente[xxi]  nos vuelve a definir ese cósmico instante:
“ La luna en su menguante
roja se nos ofrece
como fruta lejana
que estrellas paladean.” 
(PASEO MARÍTIMO).

 Y tras la noche,  la aurora  a la que Pablo García Baena [xxii]    tan plásticamente describe:

“ La aurora, en luminosas yuntas ígneas
abre los surcos pálidos del cielo,
y el sol, como perla friolenta en la árida mano del espacio....”
(NARCISO).





[i] Huyghe, René. El Arte y el Mundo Moderno. Planeta. Barcelona.1977.
[ii] García Baena, Pablo. Cincuentenario de Cántico, Conferencia. Residencia de Estudiantes.Madrid,1997.
[iii] Carnero, Guillermo. El Grupo Cántico de Córdoba.Ed.Nacional. Madrid.1976.
[iv]  Conf.cit.
[v] Azorín. El paisaje en versos. ABC. Madrid,2 de agosto de 1912.
[vi] La referencia a los poemas se hace con expresión de número de Revista, etapa y fecha.
[vii]  Nº 1, 1ª Época. Octubre 1947
[viii] Nº 2, 1ª Época. Diciembre 1947
[ix] Nº 1, 1ª Época. Octubre 1947
[x] Nº 4, 1ª Época. Abril 1948
[xi] Nº 6, 2ª Época. Febrero-Marzo 1955
[xii] Nº 2, 1ª Época. Diciembre 1947
[xiii] Nº 2, 1ª Época. Diciembre 1947
[xiv] Nº3, 1ª Época. Febrero 1948
[xv] Nº 1, 2ª Época. Abril 1954
[xvi] Nº 5, 1ª Época. Junio 1948
[xvii] Nº 5, 2ª Época. Diciembre 1954-Enero 1955
[xviii] Nº 6, 1ª Época. Agosto-Septiembre 1948
[xix] Nº 5, 1ª Época. Junio 1948
[xx] Nº 8, 2ª Época. Junio-Julio 1955
[xxi] Nº 11-12, 2ª Época. 1956.
[xxii] Nº 1, 2ª Época. Abril 1954



 c.FRANCISCO BASALLOTE

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