miércoles, 27 de noviembre de 2013

ARTÍCULOS. EL FUGAZ BRILLO DEL INSTANTE




EL FUGAZ BRILLO DEL INSTANTE










Junto al amor y la memoria, en cierto modo uncidos  a él, el paso del tiempo es una de las constantes en la Poesía. Desde siempre han cantado los poetas la fugacidad del tiempo. El “tempus fugit” cuya expresión aparece por primera vez en los escritos de las Geórgicas, de  Virgilio: «Sed fugit interea fugit irreparabile tempus».o sea: "Pero entre tanto huye, huye irreparable el tiempo…”.  Ante ese fluir del tiempo, Horacio  dirá en sus Odas: “Carpe diem quam minimum credula postero”,"Aprovecha el día, no confíes en mañana". Para el problema irremediable no existe otra solución que aprovechar el tiempo como sea…  Aunque lo verdaderamente necesario, sería detener ese paso implacable… Así Goethe, en el gozo del instante llegó a pedir: ¡Detente, instante! ¡Eres tan hermoso! y otro poeta, distante en el tiempo y en el espacio, el mexicano José Emilio Pacheco llegará a decir: “Minuto, enigma irrepetible”  .Encontramos en la poesía actual casos en los que destaca ese brillo fugaz del instante:

En  Aluvial (Poemas 2007-2008),(Pre-textos, 2010), de Tomás Segovia(Valencia, 1927)    hay una presencia  luminosa de la naturaleza,     tratada de una manera casi franciscana. Dirá:  “Las hojas allá arriba están danzando/ Balancean sus ágiles racimos/ de indolente minucia…”, y al modo de Issa Kobayashi le hablará al viento: “No te quedes allí en esa media altura/ leve viento indeciso…”   y gozára con los árboles en primavera: “ Están los chopos ya metiendo la cabeza/ En este limpio sol tan de primera agua…” y con los pájaros: “Los pájaros saltando revolviéndose/ Dentro del blando seno del follaje/ Que traspasa un sol aúreo…” , deteniendo el tiempo en sus versos claros.

Es El umbral, (Pre-textos, 2011),  un poemario de Mª Victoria Atencia (Málaga, 1931), en el que, manteniendo las coordenadas esenciales de su ubicación poética, muestra una disposición  a incluir algunos aspectos si no nuevos, si con otro sentido- de ahí el nombre del poemario- , un sentimiento  en el que el tiempo delimita espacios elegíacos en los que la función de la memoria participa de una manera más intensa aunque sin dejar de lado esa pureza del presente tan propia de su poética , “ el fulgor del instante”. Y late en esa búsqueda el ansia de posesión de ese fragmento de tiempo: “Qué puedo hacer en lo que va de instante/ de un tiempo sucedido y ya hueco de ti/…/ qué puedo/ hacer sino inventarte…”,  y se preguntará: “Y cómo he de nombrarte, hallazgo mío, /…/…fulgor de ese instante/ en que fueses haciéndome y rehaciéndome…”.  ´Siempre la luz, la  belleza de la naturaleza: el agua, los pájaros, las flores, los árboles en una presencia que, dual, se manifiesta al mismo tiempo en meditación, como el íntimo envés del mismo espejo trascendiendo la realidad al canto o al ensimismamiento: “ Los pájaros también, los pájaros que eran/ como una reflexión que mantuviese/ suspensa de las alas su respuesta,…”


.En Mundo dentro del claro (Tusquets,2012), Vicente Gallego (Valencia,1963) alude al mundo en relación con el espíritu.   Este libro es una celebración total del  universo: una profunda oda a lo natural, a lo puramente sensorial, dentro de una armonía, sin duda creada por esa sencillez expresiva en una búsqueda de lo puramente esencial, una alegre compenetración con la naturaleza,  en la que el goce de lo instantáneo se une a ese darse a lo exterior, emergiendo de dentro ese espíritu que antes estuvo encerrado y que ahora se abre a los prodigios de su luz.  Hay dentro de esta  poesía una serie de elementos que la hacen distinta, muy cercana a la forma oriental  ya vigente en la frase zen que encabeza el libro: “ El verdadero vacío, la maravilla de las cosas”  y presente en todo el poemario por esa aproximación al haiku, no solo por la consagración de lo  instantáneo y su imbricación absoluta en la naturaleza, sino por su sintetización formal: “Se hizo sin pensar/ me vi partiendo, al borde del camino/ la rama del hinojo/…”, toda una “iluminación”  al más puro estilo zen. Hay en todo el poemario un tono celebratorio, una especie de canto al mundo y a sus elementos: “Suavidad de este aire,/ beso audaz de la tierra,/ perdón claro del fuego,/abismo de la luz,/ murmullo de las aguas,/ ¿no ha de alzarse mi estrofa?/…”  y al mismo tiempo una clara intención de depuración poética: “ ¿Se puede con el hueso del poema/ -pelado del decir, servido en blanco- / convidar su pulpa, darlo pleno?/…”, para llegar a decir: “descárname, palabra, y abre mundos.”, como sistema de profundización en este territorio de la pureza del poema, que se ciñe al misterio de lo sencillo y de lo instantáneo, para la mejor interpretación del mundo: “En este eterno instante/ todo está comprendido, lo grueso, lo sutil,/de la cósmica noche y de su día.”. Y al mismo tiempo una comunión con él: “ Bajo la dejadez del cielo azul,/ a orillas del mar, cumplido el día,/ arena entre mis dedos, sal de amor/ en esta intimidad de la ola blanca”, tan hermosamente definida y tan contundente: “ En el pecho sufrido de la noche,/ la plata del lucero.”,  bajo el poderoso influjo  del  instante luminoso: “…Antes, antes, entero y vivo, un destello –la avispa-/ prendió fuego a los mundos.”.
En “Canción errónea”, (Tusquet, 2012), Antonio Gamoneda, escribe unos poemas que dejan al margen su hondo pesimismo y su constante aproximación al vacío, en los que de pronto aparece una especie de contemplación de la belleza del mundo, de ese “accidente” entre dos inexistencias, que él canta en la gloria de su belleza efímera. Y en este canto hallamos poemas en los que ese instante es magnificado como sucede en este poema a Venecia:  “…Veo el perfil de las ojivas cárdenas/ y grandes lámparas sobre el agua nocturna./ Vivo la incandescencia y me invade un clamor: un mar de música/ se aloja en mis cabellos./ Es/ la hora sin tiempo/…Mira ante ti/ como si fuera a amanecer.”,  en esa “hora sin tiempo”  aparece el milagro luminoso del instante, el tiempo en su máximo esplendor.
Lola Mascarell , (Valencia, 1979), con “Mientras la luz” ha obtenido el XIII Premio Internacional de Poesía Emilio Prados, del Centro Cultural Generación del 27. Editado por Pre-Textos (Valencia, 2013), “Mientras la luz” es una constante celebración del instante, ese espacio breve e intenso entre la luz que aparece y su despedida, ese “mientras la luz” permanece en el fulgor de su exuberancia esplendorosa. En el primer poema del libro que se titula de igual forma, dice: “… Todo está en la ventana, soy el marco/ que reúne y contiene los compases/ de este instante inmortal, de este intervalo./…”. Y en esta celebración hay un cierto paralelismo al haiku, en cuanto la poeta se coloca fuera del suceso, como aquellos haijines recorre su camino y descubre el  espíritu del mundo: “ …Frente a mi, en el jardín, sobre la hierba,/ hay un pájaro muerto/ con las alas abiertas hacia el cielo.” ; llegando a aproximarse tanto al haiku como en: “…El oro atenuado de la tarde/ dibuja en el vacío/ un camino de polvo y de nostalgia  , “…Recuerdas, y es muy nítido el recuerdo,/ las palabras leídas tantas veces,/…” .  
En estos poemarios no se consigue del todo detener el tiempo; pero si mantener el fulgor de sus instantes más prodigiosos, su belleza detenida.


© F.Basallote

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