domingo, 27 de octubre de 2013

POETAS ANDALUCES EN LA MEMORIA. JOSÉ LUÍS NÚÑEZ.



POETAS ANDALUCES EN LA MEMORIA










JOSÉ LUÍS NÚÑEZ

José Luis Núñez fue un destacado poeta que vivió una corta vida de sólo 37 años en los tramos centrales y finales del siglo XX.(Espartinas, 1943-Sevilla, 1980)

Pertenece a lo que se ha llamado poetas de la Generación del Lenguaje o de los Sesenta, y colaboró como crítico literario en el diario ABC y en otras revistas de importancia. 

Entre sus méritos está la creación de la Colección de poesía Aldebarán para escritores noveles, además de un premio con ese mismo nombre. 

Entre su obra destaca una trilogía que con el sabor andaluz que siempre le acompañó en vida,  sus títulos: La larga sombra del eclipse,  1972;S.O.S. Sur,  1974, y Dormido paraíso, de 1978


Además de ellas  escribió: Las fronteras del desertor, 1965; Los motivos del Tigre, 1971; Mediums, 1978; Poemas, (Selección del libro Al paso alegre de la paz .1980 (póstumo).

Su obra “S.O.S. Sur” fue objeto, en el año 1973, del Premio Guipúzcoa de Poesía, habiendo sido anteriormente accésit del Premio Adonáis en 1970 y del Premio Internacional Álamo. 

Manuel Urbano, el poeta jiennense, recogió una mínima parte de la producción de José Luis Nuñez en la Antología “ Bodas de Hierro con la sangre” para la que ha utilizado las composiciones más cercanas a Andalucía y al Flamenco, libro que se editó con motivo de la Bienal de Arte Flamenco de Sevilla" de 1990.


LOS MOTIVOS DEL TIGRE

UN TIGRE EN EL JARDÍN

A la espalda de todos fue creciendo, doblando
Su estatura, su sitio en el jardín.
Tenía
La piel surcada, repartida por un dios de justicia
en praderas de oro y florestas de sueño.
 Atrios,
gritos, juegos, cruzaba su portentosa agilidad
sin que nadie extrañase, diese al corro
de las discriminaciones.
Los días
ensachaban el zoo: garzas, mariposas de oriente,
caballitos de mar, añadiendo sus picos,
espuelas, algas, a la rueda
celeste del recreo.
Era la vida
aquello; sin culpas, sin oscuros
hereditarios de la pena.
Y sería, creciendo,
como una eterna primavera de jardín sobre el mundo
si un día, una tarde cualquiera, no acecha una tristeza
la mirada del niño, que ante un juguete roto
palideció, inocente; si alguien no planta cercas, jaulas,
en lugar de un puñado de pájaros al viento.
No tuvo más remedio la risa que alfombrar  de cuidados,
de precaución, de garras, sus fronteras de libertad,
acariciando el lomo del tigre para su causa:
gigante sueño que fijaría a la tierra,  
cual un tam-tam de mensaje infinito.
Marchara errante, solo –ay, desde entonces-
con su clamor de cárceles a cuentas;
floreciendo el jardín bajo la sombra compartida
de los hongos, que tal puños nacidos a nivel de la tierra,
protegían el estallido del valle aquel,
cargado de espesura virgen y altas
promesas de girasoles, domesticando el tiempo
amarillo del éxodo. Había muerto la amenaza
de un trópico subterráneo con su furor de humedad y raíces.
Y nacía la esperanza del regreso del tigre.


Las manos de los  hombres se aferraran, ayer, sobre la yerba
mínima que diera testimonio de su cuerpo;
visible rastro aún, vaho caliente
frente al diario peregrinaje de la niebla.
Lámparas tibias auguran su retorno, dan al sitio
pruebas, señales de ese templo sagrado
desde el mítico y verde ministerio
de su savia vivificadora, libre.  



SOS SUR

Y se nos muere el Sur con la alegría
y el color en los labios.
Lentamente,
casi sin anunciarnos su dolencia,
su álgida diabetes.
Qué agonía
diluída y confusa... La rubrican
los olvidos y lacran los anises
en sus pirámides vacías.
Qué
epidemia y qué muerte tan extraña.
Nadie teme el contagio. Hasta se acercan
con más curiosidad, menos modales,
maneras precautorias.
Ay, amigos,
que se nos muere el Sur y no dispone
siquiera de un cadáver a propósito.







Dormido paraíso
(1978).( soneto dedicado a la guitarra)

Encantado matraz. Cuna ambulante
de los genios del Sur. Torre sin ley
de gravedad, rendida. Ojo de buey
sobre el mar telegráfico del cante.

Parto simaés. Caminos de bramante
por los que vaga, errático, Undivé y
sacrifican sus picos de carey
las palomas del tacto. Sibilante,

descarnada pupila. Caja huera
donde el viento redondo se deslía
y ruge ante el serrallo, eunuco y vano,
al ver cómo da a luz la cuerda austera
y cómo se cristiana la armonía
 en la concha andaluza de una mano.



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