jueves, 10 de octubre de 2013

POETAS ANDALUCES EN LA MEMORIA. JOAQUIN ROMERO MURUBE



POETAS ANDALUCES EN LA MEMORIA









JOAQUIN ROMERO MURUBE ,  (Los Palacios y Villafranca (Sevilla), 18 de julio de 1904 - Sevilla, 15 de noviembre de 1969), fue un articulista y poeta de la Generación del 27. Nació en el municipio actual de Los Palacios y Villafranca, en la calle Real de Villafranca (para los palaciegos "Calle Real"), en el actual número 25.
Funcionario del Ayuntamiento de Sevilla y custodio de sus Reales Alcázares, desde su puesto como redactor-jefe de la sevillana revista poética Mediodía se vinculó a las Vanguardias poéticas relacionadas con la Generación del 27, de la cual formó parte. Impulsó la revista El Ala del Sur de Pedro Garfias, uno de los puntales del Ultraísmo. pero también perteneció a la generación de 98.

 

Obra

Entre sus libros poéticos destacan Prosarios (Sevilla, Imprenta Gironés, 1924), Sombra Apasionada (1929), donde el autor alterna el Creacionismo, el Surrealismo, el Neopopularismo y el Clasicismo. La crítica ha señalado también el influjo de Ramón Gómez de la Serna, Valle-Inclán, José Bergamín y Pedro Salinas. La impronta de Federico García Lorca es visible en su segunda etapa poética, integrada por Siete Romances (Sevilla, 1937), Canción del Amante andaluz (Barcelona, Luis Miracle editor, 1941) y Kasida del olvido (Madrid, Editorial Hispánica, Adonais, 1945), continuado y ampliado en Tierra y Canción (Madrid, Editora Nacional, 1948).
De sus ensayos destacan Dios en la ciudad, de 1934, incluido luego en Sevilla en los labios (Sevilla, Colección Mediodía, 1938); Discurso de la mentira (Madrid, Revista de Occidente, 1943), Memoriales y Divagaciones (Sevilla, Gráficas Tirvia, 1951) y Los cielos que perdimos (Sevilla: Hermandad... Soledad, 1995). Investigó además sobre la figura de Francisco de Bruna y Ahumada (1965). En el género narrativo, iniciado muy pronto con novelas como La tristeza del Conde Laurel (1923) y Hermanita amapola (1925), hubo un largo paréntesis inactivo que se cerró con.Ya es tarde (Sevilla, Gráficas del Sur, 1948) y Pueblo lejano (Madrid, Ínsula, 1954).




De Canción del amante andaluz.

Sin saber por qué he venido.
Esta es mi alcoba y mi cuarto.
En la ventana el herraje
eterniza el mismo cuadro.
Se adivina, negra, el agua
en el pozo ensimismado.
Entre las ramas del cielo
tiembla el sueño de los pájaros.
La casa grande, esterada,
mata mi voz y mis pasos.

¡Soledad de mi niñez
por el pueblo y por el campo!
¡Yo nunca supe tu nombre
ni nunca te di la mano!



Soneto  en honor de Federico


He subido las calles de Granada
para buscar tu voz y tu gemido
y en fría soledad ya voy perdido
por muro blanco y tarde desolada.

Mudo el rumor del monte y la llanada.
Sin flores ni canción, sin luz, tu nido.
Busco jardines altos que has vivido
y sólo encuentro pena soterrada.

¿Y aquel caudal de vida, aquel potente
ritmo de voz humana poderoso
hecho yema del mundo y luces bellas?

Ya no te ve Granada ni te siente.
Tu sangre es caño de agua silencioso.
Tu luz y tu temblor, de las estrellas.




LUGAR

La luz agria de tu barrio
me ronda con tus cristales.
Por entre mis manos fluye
el agua añil de la tarde.
El aire queda vencido
en la pared de mi carne.
Las esquinas giran locas
alrededor de mi talle.
Pájaros perdidos cantan
porque mi lengua no hable.
La llama de mis cabellos
negra se tuerce en el aire.
Por el cielo va deshecha
la flor de mis voluntades.
¡Ay, se me corta la vida
en el cristal de esta tarde!.





A Sevilla
( De Tierra y Canción)


Sevilla, cuando yo muera
no quiero ser tierra tuya.
Aire fino de tus barrios.
Soledad de tus clausuras.
Vuelo y canto de campanas
que suben a Dios su música.
Luz de la tarde dormida.
Jazmín de novia. Ternura
de madre joven, contenta.
Caridad dulce y oculta
que besa llagas y heridas
y no pregona sus luchas.
Casta de tu señorío.
Claridades sin penumbras.
Aroma, canto, saeta,
júbilo, oración, profunda
sabiduría sin norma.
Sencillez que nada oculta.
Sevilla, cuando yo muera
quiero ser tu gracia pura


SEGUIDILLAS DE MONJAS

Quisiera ser monjita
de Santa Clara.
Y subir a la torre
- cara tapada -.
Y ver el río
cómo abraza en sus ondas
al cielo mío.

Quisiera ser monjita
de Santa Inés.
Una rosa de fuego
la Coronel.
Si yo pudiera
por vencer al demonio
mi vida diera.

En el jardín los pájaros
guardan silencio.
Las novicias contienen
hata el aliento.
Y en la cancela
- ¡Sor Ángela dormida! -
un ángel vela.

Quisiera ser monjita
de San Clemente.
En el patio de mármol
cuatro cipreses.
La fuente llora,
si esta triste y callada
madre priora.

Desde el mirador
en el conventito
de la Encarnación
las monjas han visto,
al ponerse el sol,
cómo su Eminencia,
triste y solitario,
cerraba el balcón.

GIRALDA 

Veinticuatro campanas
repican altas.
Veinticuatro campanas
dentro del alma.
¡ Ay quien lograra
ser de plata y de música
en la Giralda !




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