martes, 29 de octubre de 2013

POETAS ANDALUCES EN LA MEMORIA. JAVIER EGEA.



Javier Egea
















Javier Egea (Granada; 1952 - 1999), considerado uno de los poetas españoles más importantes de los años ochenta, fue uno de los padres del movimiento poético La otra sentimentalidad junto con Luis García Montero y Álvaro Salvador Jofre. Consiguió, entre otros premios literarios, el «Antonio González de Lama» por su libro Troppo Mare y el «Premio Internacional de poesía Juan Ramón Jiménez» por Paseo de los Tristes.

En sus círculos cercanos era conocido como "Quisquete".

Publicó muy pocos libros de poesía: Serena luz del viento (1974), A boca de parir (1976), Troppo Mare (1980), Paseo de los tristes (1982, tal vez su obra más representativa), La otra sentimentalidad (1983, junto a Luis García Montero y Álvaro Salvador, Argentina 78 (1977, pero editado en 1983 por «La Tertulia»), y Raro de Luna (1990).


Gran admirador de Rafael Alberti, también publicó, junto a Luis García Montero, en 1982, el librito Manifiesto albertista, que ambos leyeron en presencia del poeta gaditano en el local «La Tertulia», en 1982.



Al morir, dejó incompleto un libro que al parecer iba a titularse Los sonetos del diente de oro, los cuales fueron publicados en 2006 por la editorial I&CILE, con reproducción en facsímil.


Javier Egea no fue un poeta 'académico' sino que más bien fue un poeta a pie de calle, que vivió en íntima relación con la poesía. Comprometido con la izquierda, su poesía puede ponerse en relación con las teorías literarias desarrolladas por el catedrático de la Universidad de Granada, Juan Carlos Rodríguez Gómez



Recibió,  entre otros, los premios poéticos: «Antonio González de Lama» y el  «Premio Internacional de poesía Juan Ramón Jiménez»


Participó en numerosos actos culturales y políticos (recitales poéticos por toda España, y en Cuba y Argentina), y realizaba actuaciones musicales y poéticas con la actriz argentina Susana Oviedo, con textos de García Lorca, Alberti y María Teresa León, Bertolt  Brecht o Garcilaso de la Vega. Fue también guía de la Casa-museo de Federico García Lorca en la Huerta de San Vicente de Granada.

Javier Egea se quitó la vida en su ciudad, el jueves 29 de julio de 1999.


POEMAS


Paseo de los tristes

Entonces,
........en aquella ciudad
o en la intuición primera, vaga, de su cuerpo,
el pensamiento aún flotaba en bucólicos careos,
en versos aprendidos sin historia
y no era posible amar
entre unas calles donde todo era sucio,
carne sin brillo,
cuando aún en el mar, la nube y las espigas
sin historia y sin tiempo, vanos,
estábamos durmiendo
........o ignorando
esa gota de sangre que cuelga del amor
-su blanco cuello herido-,
ignorando la clase oscura en que nacimos,
sin consciencia de naves hundidas,
de rubios naúfragos,
condenados a vivir una historia perdida
de explotación y soledad, de muerte enamorada,
sin saberlo.

Y sin embargo,
entre los autobuses, el gentío,
en la dulce ignorancia,
fue creciendo una luz
que nos hizo sentir un crujido brillante
después que allí, en la sórdida pensión
donde siempre se asilan viajeros sin destino,
gentes oscuras,
en un lugar sin esperanza,
dos cuerpos se sintieron indefensos
sudando en el asombro de la primera felicidad.


19 de mayo

Existe una razón para volver.
6 de la madrugada de la calle Lucena
donde los basureros y el sereno
tenían su eterna cita
con el café con leche y el aguardiente seco,
adonde los borrachos concluían
la noche soñolienta del vino repetido.

19 de mayo. Pensión Fátima
en donde la pregunta del abrazo desnudo
supo al fin el porqué de tanta lucha,
la clave del sudor sobre las sábanas,
y la virginidad redonda, amanecida,
reconoció la llave de su casa madura,
con una verde mano le puso rumbo exacto
y la llevó a su centro
y siempre siempre siempre
nació allí la tormenta del esperado amor
como un racimo.

¿Quién hubiera pensado
que la 3ª planta,
la habitación oscura,
el urinario sucio,
las hojas del diario clavado en la pared
y la maceta artificial,
el plástico
de las flores chillonas,
iban a ser testigos
de aquel incandescente poderío,
de tanta luz sin freno,
de aquella tempestad acribillada?

Después de tantos pájaros
persiste en los teléfonos del aire,
en alta mar aún vive
y es el regreso un tramo de la vida.
Existe una razón
para volver a la ciudad del gozo,
a la pequeña aldea de la pensión barata
y las comadres
raídas en la esquina.

Existe una razón
para aquella manzana de casas apagadas,
para una turbia calle
que fue la geografía de mi primer amor,
el mapa donde tuvo mi gran pasión su cuna.


Raro de luna I
Il y a des gens quelque part qui n´en peuvent plus de silence
(Hay en algún lugar personas que no soportan ya el silencio)

Louis Aragon


........Allí
donde las islas
donde floten los párpados aquellos
las negras islas
las definitivas arenas secretas allí
cuando se agota el brillo de los abordajes
allí mientras llaman las sirenas últimas
pequeña perla negra
donde las islas negras
........allí
donde quizá los cofres aquellos entonces entrevistos

........No No era este el lugar
Para ti siempre quise
avenidas sin látigo
plazas sin gentes pálidas que se desploman
chapoteando caen mientras que sangran y por siempre caen
del verdín de las gárgolas y de las cicatrices
sobre reinos vastísimos de laberintos y de topos
........caen

Quizá fuera posible
quizá pensé que al menos esa lluvia de los ojos de patio
algún día tomar las islas negras a embestidas
para tu cuerpo
para las cruces en el mapa de fuego

........No No era este el lugar
ni su aventura alquilada
definitivamente para ti

Pero oigo las andanadas secas contra muros y sueños
todo enmudece frente a las altas sienes sin alba
todos los brazos cierran sus mundos presentidos
en el punto de mira de la noche tirita su silencio
y mis ojos ahora perdidos
-ropa olvidada en perchas ya sin luna-
entre los siete por siete metros de estampida
buscan tus otros ojos perdidos
tus otros bosques sin galope

........Al entrar
siete por siete pozos por siete olas por siete labios despoblados
y a las charnelas
a su desvencijado saludo
respondo siempre habito este palacio
por los reinos del frío del frío
voy a las grutas del 2.º B
nadie con esa llave
nadie con esos ojos al entrar
siete por siete mares por siete soledades

¿Cómo contar ahora que la muerte se llama 2.º B
cómo decir 2.º B sin abismarse
por la tiniebla de porteros eléctricos y solos
cómo decir a nadie yo soy el enamorado del 2.º B
quién saca la basura del 2.º B
dónde se prende la luz del 2.º B
cómo vivir
cuando su nombre pálido te cerca?

Hay noches que no ofrecen
sino palomas ciegas en sus escaparates
Hay en algún lugar personas que no soportan ya el silencio

Soledades al filo de la pólvora
soledades que tienen chaqueta en su respaldo
soledades con banqueros al fondo
soledades de las torres
........las desmoronadas torres
soledades canallas bogando las venas y los albañales

No No era este el lugar ningún lugar nunca más un lugar


Poética
A Aurora de Albornoz
Mas se fue desnudando. Y yo le sonreía.
Juan Ramón Jiménez


Vino primero frívola -yo niño con orejas-
y nos puso en los dedos un sueño de esperanza
o alguna perversión: sus velos y su danza
le ceñían las sílabas, los ritmos, las caderas.

Mas quisimos su cuerpo sobre las escombreras
porque también manchasen su ropa en la tardanza
de luz y libertad: esa tierna venganza
de llevarla por calles y lunas prisioneras.

Luego nos visitaba con extraños abrigos,
mas se fue desnudando, y yo le sonreía
con la sonrisa nueva de la complicidad.

Porque a pesar de todo nos hicimos amigos
y me mantengo firme gracias a ti, poesía,
pequeño pueblo en armas contra la soledad



Me desperté de nuevo...

Me desperté de nuevo
entre dos sombras.
No quedaban palabras
en mi memoria.

Con los dedos, a tientas,
las fui palpando:
sus ojos enemigos,
sus secos labios,

el mapa señalado,
los hondos cráteres,
corazones escritos
con soledades.

A su fiel prisionero
siempre velando
mis compañeras sombras
de tantos años.

Ellas, que me robaron
la luz de un sueño,
ya no piden rescate
por mi secuestro.

INÉDITOS*


AÑOS 70

PAPEL
Recogerás mi voz.
La de todos los días.
La risa, el humo, el llanto.
Mensajero serás
con simples trazos,
con diminutas bombas
en cada línea impresa.
Canta.
Procuraré que duermas
con la cabeza alta.

DOS AÑOS YA

En la primera página de todos los diarios
el interrogatorio
la tortura
la cárcel
el aire que temblaba
caudillo del terror
imitador de los grandes imperios del miedo
cobarde
acobardado
terriblemente ciego
asesino y enano
la firma de la muerte rubricando el dolor
la sangre decidiendo
la casa ya vacía
la tapia ya temblando
el polvo en el camino levantando miseria
y los fusilamientos
la cuerda grande al cuello
desesperado
solo
patriarca en otoño
los pantanos del miedo
ley de fugas
todo un pueblo en ruinas
barranco
cal
escombro
desertor
la frontera
lo que quedaba atrás irremediablemente
tantos hombres vencidos
los ojos
y los ojos cortados
los brazos para ti
desesperadamente trabajando
el odio
la razón
las palabras luchando
la clandestinidad
un murmullo escondido
el grito de la calle
mano a mano
los papeles corriendo por las fábricas
la conciencia en las manos
las letras clandestinas
la voz tomando sitio
y ya tú te caías del pedestal
armado
pero ya derruido
la polilla llegando al capital
general
para no volver más
cobarde
y tu fotografía
han pasado dos años
de muerto muerto muerto
en la primera página de todos los diarios.


AÑOS 80

EPITAFIO

¿Qué fue lo que ocultaste en aquellos tachones,
qué palabras cobardes bajo sombras de ramas
se ahogaron en el río?

Los papeles escritos: ¡qué aventura
de renglones torcidos hacia arriba,
casi en afán de luz o levantados
en último estertor, página en llamas!
 


 DE LA MUERTE

De la muerte,
de la parte de fuego que tuve entre los brazos,
de la vida,
del pedazo de historia que sufro en el costado,
del silencio,
de la guitarra torpe que arrebujó su canto,
de mi cuerpo,
del arma que de tanto soñar murió soñando,
del camino,
de la reja que puse en la mitad del llano,
de la escuela,
de lo que aún me queda del sueño del verano,
de mi casa,
de la ausencia que llama a mi puerta sangrando,
de mi nombre,
de las letras que el aire reclama y va borrando,
del abismo,
del lugar que presiento como un enorme salto,
de la altura,
de un alero vacío y un grito en el tejado,
de mis ojos,
de una oscura mirada sobre la luz del campo,
de mi frente,
de un bando de palomas y un cazador lejano,
de mi sueño,
de una cintura grande donde dormir cantando.

AÑOS 90

El barco de los sueños bate su vela fría,
navega por las aguas de los que ya pasaron...
He visto pasar barcos, sueños que me contaron
y he visto al timonel desnudo en el vapor
que se mece en la copa.

El sueño tiene barcos y la marinería
se lanza sobre un mar poblado de delfines...
Luego saltan las gentes huyendo de los cines
y sueñan que navegan en un barco de amor
felices y sin ropa.
 

*Estos poemas inéditos de Javier Egea, están recogidos en el segundo volumen de su Poesía completa (Bartleby, 2012)

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