sábado, 6 de julio de 2013

ARTÍCULOS. Poéticas de la ciudad.



POÉTICAS DE LA CIUDAD







La ciudad, ese espacio que según Spengler definiría la historia de la humanidad y que para  Ortega y Gasset era “ un ensayo de secesión que hace el hombre para vivir fuera y frente al cosmos..  ”., es para el poeta lugar de la nostalgia, paisaje encendido   con las más tiernas luces , las que llevan dentro las candelas del tiempo de la dicha, los instantes perdidos del paraíso. Todo poeta tiene un referente espacial, el lugar de la emoción  o de la dicha, ese sitio que marca el encuadre de una escena irrepetible, inevitable lugar donde la memoria se hace elegía, canto, pura nostalgia. 







Desde los albores de la humanidad la literatura está llena de viajeros que no dejan de buscarse a sí mismo en la manifestación del mundo que hallan. Desde el Poema de Gilgamesh, hasta el Ulises de Joyce pasando por la Odisea o la Eneida,  el Libro de las maravillas de Marco Polo,  la Divina Comedia, o el Quijote, el universo poético no es sino un continuo sendero por donde el poeta –es decir el hombre- ejerce la inacabable tarea de intentar encontrarse.










En Desde este otoño, el poeta tinerfeño  Miguel Martinón, escribe la elegía simultánea del tiempo y del espacio, de la  vivencia intensamente renacida: “.Ciudad tan próxima y tan lejana/ puedo verte a través de las palabras,/ que vuelven al nacer el día/ oírte desde dentro y desde fuera/ inestable en el filo de la hora…”/, “ Te veo desde fuera y desde dentro/ te veo entre la lava y la palmera…”, “..y te llamo y te oigo,/ Oh ciudad de los flamboyanes,/ por los mares sin bordes del insomnio,/ cuando la luz callada llega hasta esta hoja,/ hasta los ojos que la leen/ y todavía pueden verte.”  Evocación que  en Todo es para siempre,  del poeta de Arcos,  Pedro Sevilla, se erige en sombra de cal, la intensidad blanca del pueblo:”Crepúsculo de agosto./ La tarde cae en el huerto/ demorando su oro en los rosales,/en la bíblica higuera, en los dulces planetas del membrillo…”  Y los pueblos de la vega granadina  se hacen elegía en  Un ramo de poesías de Manuel Gámiz, elegía hecha blancura y barbecho, trigo y surco,  flores e historia, leyenda frutal…, memoria de su paso por esa geografía rural. Dirá de Fuente Vaqueros:  “ Manantial / de poesía/ y vega..” , a la torre de Montefrío:” Vieja torre que a Montefrío coronas./ Fiel testigo eres de historia vivida..” y sobre todo a su Huétor-Tájar:  “Campanario de ladrillo,/ de la Iglesia, entre las casas/ el cabreo y su piara/ avanzan por el camino.







Escribe el poeta leonés Luís Artigue en Los lugares intactos las emociones que las ciudades han ido dejando en el corazón de este joven poeta y que quedan en el poema como destilación de una experiencia similar a la de la vida y el amor…sendero que incide en los íntimos resortes del corazón. De alguna manera se manifiesta un cierto sentido del descubrimiento, como dirá en el Machu Pichu: “buena cuenta del éxito, del poder, de la vida/ y del amor eterno/da/ asomarse a las ruinas de un imperio.”o en los lugares escondidos como: “La oscuridad de una pequeña ermita/ es la de todos esos poemas que expanden el entendimiento”, en Aveiro. En Una ilusión de continuidad, dirá desde la capital del mundo: “Me siento como el árbol que se mira en un río desde que estoy en lo alto/ de Nueva York.” .Y desde las alturas del Duomo de Florencia: “…El  trémulo/ entramado de nubes. / La villa inmortal enardecida con cierta luz de ficción/ que han tomado prestada a crédito los cuadros del Cinquecento.”  Llegando  a “Jerusalén, la ciudad  cuarteada por las apropiaciones de Dios.” y terminando en Roma: “la ciudad cuya belleza aún es un edicto de alegría”.  

A veces es tan grande el poder  del recuerdo, convirtiéndose el poema en un tratado de la memoria de la ciudad abandonada y el exilio donde la memoria reconstruye la identidad del tiempo perdido , como escribe el tinerfeño  Coriolano González en Otra orilla" (Cuadernos de Guillermo Fontes):. ¿Dónde aquel banco en el que fui besado/ por vez primera/ y el tiempo se detuvo?, ¿Dónde están aquellas plataneras/ que desbordaban de luz y olor/ la travesía por el barranco…” Tiempo inolvidable en el que “Fuimos inmortales”.













En otras ocasiones la ciudad evocada forma parte de lo que Spengler llamó historia ciudadana, es decir historia de la humanidad y como sucede con José Emilio Pacheco, que en su libro  Ciudad de la memoria, canta a las culturas desaparecidas, como en Presagio de Islas a la deriva:   -Vuelven los dioses- dijo Moxtezuma-/ Las profecías se cumplen. No habrá oro/ capaz de refrenarlos. Del azteca/ quedarán sólo el llanto y la memoria.”. O la memoria de Roma   que Francisco Vélez Nieto , en  Itálica y otros poemas    transforma en su imagen, Itálica sentida y vivida , desde “…el ruiseñor cantando/ a Venus su amor diario”  al recuerdo de un tiempo: “En estas calles fue posible escuchar/ amor y odio, las risas y las lágrimas/…/también la ira desatada de los dioses…”,“…paseo recordando,/ aquel pasado en vuelto  en mármol grana…”, pasando, sensorial,  al duelo   de las diosas: “Desde su bosque Diana/Eterna a Venus contempla…”   o la danza de la náyade, a la que pedirá: “ Huye del frío mármol de Carrara,/ baila, muestra danzarina/ tus placeres y pasiones/…”.

En otros casos el poeta recorre la ciudad y como hace Fran Nuño en Deambulaciones , reflexiona sobre la búsqueda y la ausencia, la soledad y la impersonalidad de la urbe.  Dirá que prefiere pasear por una ciudad desconocida porque “Quizá de esa manera/ llegue también/ a tu encuentro/ en la ciudad/ de mi propia vida.”, y  hasta cierto punto conforme con su destino dirá: “Pero la ausencia,/ sin más,/ acaba diluyéndose en nuestra rutina…”,  mientras  observa a la gente  “Los domingos por la tarde/ nadie tiene una edad concreta./ La gente que vemos/ deletrea pasados/ con manos en los bolsillos/y pasos desacelerados.”

Y hay quien  entre los lugares evocados lo hace de algo tenebroso, como hace  Guillermo Carnero que en la tercera de sus Cuatro noches romanas que es invocación y ofrenda a la ciudad eterna,   visita el Cementerio Acatólico de la Ciudad Eterna y dice a la muerte: “- Un día me dijiste: tu peor enemigo/ es la memoria; aprende de los pájaros…” y la Dama le contesta: “-Mira a tu alrededor; no te complazcas/ sólo en la destrucción y la rüina. /No hay lugar en el mundo donde brille/ más alta/ la belleza de la muerte.”

Están llenas las Antologías poéticas de referencias a la ciudad como espacio habitado por la nostalgia, lugar de la evocación y la elegía, cumpliendo de alguna manera el dicho spengleariano de convertir la ciudad en historia de la humanidad, pues es en esa nostalgia donde más humano se hace el hombre.

©F.Basallote

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