domingo, 14 de julio de 2013

ARTÍCULOS. "El amor y la poesía"



EL AMOR Y LA POESIA












Así tituló Vicente Aleixandre su discurso de ingreso en la Real Academia Española de la Lengua, concretamente: Vida de/poeta: El Amor y la Poesía, titulo que parcialmente  aprovechamos para encabezar este artículo, que desde luego no ha bebido en las sabias fuentes de aquel; pero que tiene por contenido un aspecto parcial    que glosaba  desde la metafísica poética el protagonismo del hombre en la poesía y la influencia del amor en ella.  Ya   que la poesía de Vicente Aleixandre está movida  por una infinita y estremecedora pasión amorosa, por temas eternos, elementales y profundamente humanos, así dijo que “La poesía empieza en el hombre y concluye en el hombre “. Y en el núcleo del hombre se reproduce esa fuerza, que si en el poeta de Sombra del Paraíso, adquiría aspectos telúricos, en la mayoría de los humanos , da sentido a sus vidas y a los poetas una de las constantes argumentales de su obra.  Por eso la poesía asume cuánto de sublime tiene el corazón del hombre, así como cuánta desolación le produce este profundo sentimiento que desde siempre ha movido al mundo.

Y dentro de los parámetros  en los que nos movemos en esta sección, es decir sin excesivo acartonamiento profesoral y ningunas rigideces eruditas, traemos una variada floresta de libros de poetas actuales,   en los que el amor luce como elemento destacado con esa fuerza que si no mueve al mundo si hace que los poetas escriban hermosos versos sobre los mármoles del altar de Eros.

 En su reciente  Antología “Baladas de la memoria”,  del poeta chileno Pedro Lastra, el amor, el tiempo del amor, ocupan  un lugar primordial  en sus versos; mas de una forma singular: dotando al poema de una honda perspectiva en la que espacios y tiempos se entrecruzan en una labor que huye del vacío. En solo dos versos, una definición: “Dolor de no ver juntos/ lo que ves en tus sueños.”  .La hermosa elaboración  de la ausencia: “…nunca eres más bella que cuando sé que eres/ la que no está conmigo…”,    “…cuando el viento derrama/ tu cabellera sobre mi memoria.”   y el encuentro, felizmente cantado: “… la rosa de tu cuerpo,/ tan viva,/ desplegada/ latiendo en cada uno de mis cinco sentidos.” y anclado en el deseo de su eternidad  en dos sencillos y hermosos versos: “ Quiero ser inmortal/ para seguir amándote.”. 

En su “opera prima”, Compañero enemigo, Juan Antonio Bermúdez, nos habla  cómo
“Una mujer y un hombre alumbran/ con la luz de sus ojos/ el agujero negro de los siglos.” en la confabulación del amor que “…en ese tacto, luego reiterado/ hasta la confusión de los dos cuerpos, reconocieron un idioma antiguo;/ tal vez, sólo tal vez, se comprendieron”; mas la vida es a veces cruel y exigente y como las ciudades los cuerpos y las almas están llenas de heridas: “Déjame que te abrace todavía/ sobre estas escaleras y estos puentes,/ sobre esta herida abierta…” para seguir viviendo “ cuando nuestra memoria quepa/ en una fotografía en blanco y negro..”

El poeta de Arcos,  Manuel Senra, en su reciente Antología Personal, en la que toca todos los registros temáticos de su obra poética   , siendo quizás el amor incardinado en una cierta  meditación existencial   característica elemental de su poesía.  En un soneto dirá del amor: “El amor es prisión, gloria y tormento,/ rosa callada o pajarillo herido…”, en otro hablará del triunfo del amor : “ En el hondón del alma tengo vida:/ besos de amor febril y mil canciones…” , mientras dirá en Mujer : “Abro de par en par los párpados y veo/ cómo tu luz me alumbra por entero. /Y tu presencia brilla en las paredes cuando/ la fuerza de tus manos enciende las estrellas.”,  para terminar el poema Cerrados con estos dos versos: “Se miran aún sin verse, se aprisionan,/ allí cerrados en un largo beso.”

En Ocho islas y un invierno,  de la  aragonesa  Marta Navarro, la intensa presencia del fuego del deseo  es patente desde los primeros poemas del libro: “He llegado al embarcadero de la noche,/ desnuda y con hambre de luz./ Ya nada podrá detenerme.”, dirá a modo de manifiesto y esa voluptuosidad se manifiesta “Bajo las dunas de tus ojos..” , “…Al anochecer,/ tus caderas señalan el camino/ de la pirámide roja…” cuando “ Atardece en la colina de tus labios”, y “ Un horizonte de nubes/ ilumina el camino hacia tus caderas/… /En las dunas de tu piel/ se detiene la nieve/ que mi cuerpo derrama/…” llegando a la profundidad del amor “ Bajo las faldas de Liuba/ unos dedos de agua/ descubren húmedos/ y ovalados caminos./Susurros de placer brotan/ de sus caderas de arena y menta…”  

El amor tardío, su descubrimiento, da lugar en la poesía de Luís Rosales a  Diario de una resurrección, quizás la obra más peculiar del gran poeta  y un libro de amor esencial en la poesía española del  siglo XX,  según Félix Grande, que Visor ha tenido el acierto de reeditar. En todo amor hay un deslumbramiento primero: “ Como la ausencia en un cristal que no se empaña/ estoy viendo tus ojos cuando cierro los míos/…/ y me miraban ya con ese mandamiento que es igual que una esponja,/…/  Y recuerdo también que aquella noche/ -creo que era el 29 de septiembre- /tus palabras eran de lluvia,/ y/ sin embargo/ en ellas pude ver hasta la sombra de tus huesos./…/ y tus ojos me miraban lavándome/ el estupor a tientas que es la vida…” . Momentos para siempre decisivos: “…yo recuerdo que la primera vez que hablamos/ me mirabas con tal intensidad/ que te quedabas añadida a mis ojos…”. Los ojos, la luz cierta, la ventana no sólo del alma sino del tiempo no compartido y del tiempo futuro: “…te quiero tanto que cuando sigo tu mirada puedo llegar hasta tu niñez/ pero también hay veces, muchas veces, que al mirarte te estoy profetizando…”

En Viento de cuchillos, Rocío Hernández Triano nos traslada al tiempo del dolor. En la primera  ese viento turbador del amor  se define en su primer poema: “Es el amor un viento de chuchillos/ y una alberca de fango el abandono…”. Están pues, presente los polos opuestos el amor y el desamor; la presencia y la ausencia, el haz y el envés…:   “En una misma cama, dos orillas distintas,/ soportan el silencio los amantes./…/ Pero ninguno duerme,/ pero ninguno besa/ o llama/ o roza; …” . Y es tan presente el polo negativo, la pérdida del amor que se eleva el lamento: “Porque voy a estar sola/ porque estaremos solos/ y ciegos y desnudos/ como todos los muertos…”. La muerte del amor tras la que en un poema las palabras adquieren un valor iconográfico más potente, imágenes riquísimas que alzan en su plástica el fulgor doloroso de la pérdida: “Carcoma./ Helada mariposa./Cien pájaros de escarcha/ contra un cielo de ceniza./ Negro pez de las sombras./ Araña/ que enhebra tenebrosa/ con sus hilos de muerte/ la malherida fe de los amantes…” .

Y si en el poemario anterior es tan poderosa la fuerza  de la desolación del amor, parodiando de alguna manera aquel título de Vicente Aleixandre La destrucción o el amor,  Juana Castro en su reciente Antología Heredad, incluye los mejores poemas de Arte de cetrería, sin duda uno de los mejores libros de la poesía contemporánea española. Construido como una alegoría del amor imposible, la autora lo define como “Algo muy cercano, creo, a la mística. Porque la mística es eso: el amor sin esperanzas de consumación”, en el poema Del águila calzada leeremos: “ No soy dueña de mi, pues es mi dueña/ la dueña del amor y de la vida/ tan cercana y ausente como el sol, / al ala de mi espejo, reflejada.”

Hemos pues, partiendo del fulgor metafísico de la poesía amorosa de Aleixandre, llegado a la patente realidad metafórica del amor imposible, pasando por los diversos estadios de este sentimiento nutricio de la poesía que es el amor, en su exaltación, en el deslumbramiento y en el desamor. Un ciclo del que en la ingente literatura universal existen  infinitas posibilidades de composición; pero que nosotros hemos querido elaborar con materiales creativos recientes, dando así una visión a la poesía que se hace en estos momentos.

F.Basallote



Libros citados:

Balada de la Memoria, Pedro Lastra. Pre-Textos.
Compañero enemigo, Juan Antonio Bermúdez. Libros de la Herida.
Antología personal . Manuel Senra. Ed.Moreno Mejías.
Ocho islas y un invierno.  Marta Navarro. Ed.El Desembarco.
Diario de una resurrección. Luis Rosales. Visor.
Viento de cuchillos. Rocío Hernández Triano. Ed. En Huída
Arte de cetrería .(En Heredad. Antología) Juana Castro. Ed .Fundación Lara

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