martes, 25 de junio de 2013

ARTÍCULOS. Sombra de la memoria



SOMBRA  DE LA MEMORIA









Una vez más el retorno, el recurso a la memoria como instrumento esencial de una poética, como uno de los pilares sobre los que descansa la bóveda lírica. Quizás el más importante, pues qué es la poesía erótica sino el recuerdo de un gozo, elegía al fin y al cabo, y acaso la poesía en todas sus manifestaciones no está soportada en el recuerdo de las emociones que conmovieron al poeta.  Para Juan Gelman:“La poesía es memoria de la sombra de la memoria” y  Borges , el cantor del paraíso perdido, dirá: “somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”  .

Mencionaremos a tres poetas que en sus más recientes obras recurren a la memoria: Tomás Segovia, Carlos Clementson y Francisco Mena Cantero. Tomás Segovia, (Valencia ,1927)  ha sido una  figura fundamental de la poesía de México adonde llegó exiliado con nueve años y donde vivió hasta 1985 que retornó a España.).Su última obra es Aluvial (Poemas 2007-2008), editada por Pre Textos. En una de sus cinco partes Volverse a mirar hay como un retorno al pasado, llegando con toda su fuerza vivencias, tiempos y espacios gozosos y doloridos, así dirá “La evocación es siempre turbadora…”, y al recordar la infancia: “Inaplacable infancia/…/ Pero cierto también/ que no me he consolado nunca/ De aquellos días frente al precipicio/ En los que fui eterno…”. Tiempo  de dichas: “Hubo un tiempo en el que el tiempo nos trataba/ Como a las bienaventuradas criaturas/ Que él mismo había criado…”, aunque en el fondo: “Lo que quisiera yo no es acordarme/ Es colgarme apoyarme aferrarme abrazarme/ Sentarme encima de las viejas horas…/”, para .que de nuevo aquello que pasó se detenga en ese espacio de la memoria…

Ediciones La Palma en su Colección Retorno nos ofrece una edición actualizada de Las olas y los años .Antología poética (1964-1984) de Carlos Clementson,(Córdoba, 1944) . Es volver a oír al poeta evocar aquello que le fue segado  “Pues tu me diste todo lo que era tuyo: el viento/ sonando en los olivos…” por lo que “…Nunca fui de tu mano; nunca te enseñé el mundo.”Elegía que brota ante la propia imagen “ ... me miro ante el espejo/ mientras me peino, absorto,/ y en el cristal distingo aquel fulgor caoba/ como una llamarada, mansa ya por el tiempo,/ del pelo de mi madre..”  a la vez  que  encomienda “…mis años/ -la flor de mi memoria-/ al fervor soterrado/ de unos pocos momentos verdaderos.” entre ellos: “..el ruiseñor cantando del Huerto de la Rueda,…”, “…el suave tacto madre/ de la piel de la noche…” “…viejos exvotos/ de un culto sin objeto…”, “ ..de todo lo cual queda, como imborrable seña/ de identidad/ un poco de ceniza/ al borde de los párpados…” evocando, - siempre la evocación  el retorno sumergido en el deseo inmanente de permanecer- , “..hasta con fe/ y sin resentimiento/ quizá con una tibia melancolía en la voz,/ esos días azules y este sol de la infancia..”, en su extraordinario poema Las olas y los años que da nombre al libro retornado.

En Escrito en tierra,(Ediciones Vitrubio),  de Francisco Mena Cantero (Ciudad Real, 1934), hay una preponderancia de la memoria, lo vivido de pronto exultante en la luz, en la misma luz donde surgió la fuente primera, el gozo y el dolor de la tierra y en ese retorno a lo elemental que trasciende de la elegía. Tiene el libro dos partes, en las que el poeta modula y fracciona su nostalgia, como escalando el tiempo de su canto en dos escenarios unidos en la emoción pero graduados en la intensidad .En la Primera Parte, volcada al espectáculo de la Naturaleza en la que ese retorno a la tierra culmina en el poema Elogio del campo, en el que  dice: “Aquí las cosas/ poseen nombre propio: / árbol el árbol, luz/ la enorme claridad como enceguece; / o montaña, el latido distante de la tierra; / y amor esto de del hombre/ de consumirse en otra vida./ Aquí la eternidad se agranda…” , en intensa emoción y goce . La segunda parte, es la vuelta a las vivencias primeras: el pueblo, la casa, el paisaje , a los que regresa el poeta en la misma memoria que a veces se hace lacerante: “ Diría / que soy  un barco a la deriva/ un espectro en las calles de este pueblo…”, con una dificultad para identificar emociones pasadas : “ Ando por esta casa y no me encuentro…” , como no encuentra el tiempo que se fue: “ Hoy el tiempo no está./ Se ha acurrucado en el reloj/ y se esconde en la esquina de la luz…/”, mas el poeta necesita “… asirse/ a la fugacidad del tiempo, / a las míseras cosas que se dicen/ cuando uno está sentado/ al borde del camino…” y de alguna manera reconocer que “ Recordar es un goce que restaña/ las crueles heridas de los días…”

Tres poetas que vienen de distintas lides poéticas, de distintas concepciones del canto; pero que unifican la voz acudiendo a la luz ineludible de la memoria, la segunda y única vivencia del gozo y del dolor.  

F.Basallote




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