jueves, 27 de junio de 2013

ARTÍCULOS. Los lugares intactos.



LOS LUGARES INTACTOS









Cuando hablamos de poesía de la memoria amalgamos en el mismo concepto los ámbitos espaciales y los temporales del suceso recordado, cumpliéndose  en ello paradójicamente la Teoría de la Relatividad, y en concreto la definición espacio-tiempo que recoge la noción de que el espacio y el tiempo ya no pueden ser consideradas entidades independientes o absolutas. Y en realidad así sucede generalmente en el poema, en la emoción recordada que aunque esté producida por el recuerdo de un instante o al revés, de un lugar, arrastra irremediablemente consigo al otro parámetro.

Sin embargo eso no se produce siempre y, salvo en la poesía intensamente intimista, prevalece en el recuerdo la presencia de los lugares donde se cobija la emoción. Dice Juan Carlos Mestre: “Siempre se regresa al paraíso perdido. Lo cierto es que uno vuelve al territorio de la infancia, a los “loci memoria”, a los lugares de la memoria. Son los espacios donde tuvo uno por primera vez conciencia de la palabra árbol, de la palabra río; donde vio por primera vez una mariposa, un relámpago…”   Y Borges dirá: “Se que he perdido tantas cosas que no podría contarlas y que esas perdiciones, ahora, son lo que es mío …  No hay otros paraísos que los paraísos perdidos.”. Es decir se canta lo que se pierde, pero esas pérdidas tienen un espacio…Todo paraíso estuvo ubicado en ese ámbito físico de la dicha. Tomás Segovia escribe en sus Diarios: “Cuando evoco alguna época mía, tengo la sensación de que esa época no está en el tiempo, sino en el espacio…”.


Cuando Juan Cobos Wilkins dice en Biografía impura: Un niño mira sombras en la pared. Ignora/ aún qué es sombra…/…/ Es su relámpago, el inicio de su memoria/…” está definiendo el proceso de transformación de un fenómeno que se produce en el espacio en la raíz emocional de la memoria. Cuando Coriolano González  en el poema de Códice de la ciudad  de su libro  Otra orilla (2004-2007), se pregunta: “¿Dónde aquel banco en el que fui besado/ por vez primera/ y el tiempo se detuvo?, ¿Dónde están aquellas plataneras/ que desbordaban de luz y olor/ la travesía por el barranco…”, no hace sino reconstruir esas emociones sobre la planta real del espacio recordado.  Y si Víctor Jiménez en El tiempo entre los labios  desciende a la memoria lo hace al espacio ineludible de sus emociones: “Puente aquel de San Bernardo,/todavía pasa el tren/ de mi infancia por debajo.”. A veces el espacio, el “loci memori”, es la propia carne, la inmediatez de la emoción es tan profunda que la memoria tiene argumentos para su recuerdo:“ La piel tiene memoria. Cada rayo/ de sol, cada caricia, cada brizna/…/ Piel con piel, en la tuya/ redescubro esas páginas / que el terco tiempo escribe/…/”dice en Intermedio Juan Lamillar.


La mirada del poeta hacia el pasado no es hacia algo perdido, ya que permanece en el corazón, emoción reconocida en el sueño de un mar, en las imágenes recobradas de una luz que viene de nuevo desde un cielo topacio, desde unas nubes, desde las montañas lejanas en los húmedos alisios, una vida que se hace dolor y presencia. : “Soy poeta de la distancia. Escribo hacia el pasado. Miro a mis islas desde ese mito inaprensible, desde esa inaccesibilidad que trastoca mi alma…”  dirá el poeta canario José Carlos Cataño en Lugares que fueron tu rostro.  Y el tangible lamento del muecín le devuelve  a Encarna León en Lluvia de Aljófar unos espacios de la tierra que la memoria aviva: “El  muecín me trae otras tibiezas calmas/ de amigos que se fueron,/ amantes, ellos, de minaretes/ acequias, escarcha y palacios. De jardines de té, de hierbabuena/…”.

En el recuerdo de lo inmediato, de los lugares donde se estructura la memoria de la sensibilidad, es bastante frecuente y además es el primer estadio en la elaboración de esa emoción que permanecerá para siempre en el poema, al margen de que cohabite con el recuerdo del tiempo; pero el tiempo pasa, quedan intactos los lugares de la memoria…


©F.Basallote



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