miércoles, 8 de mayo de 2013

RESEÑAS III - POETAS ESPAÑOLES. Vicente Gallego, "Mundo dentro del claro"



RESEÑAS DE OBRAS DE POETAS ESPAÑOLES


MUNDO DENTRO DEL CLARO
de
VICENTE GALLEGO









MUNDO DENTRO DEL CLARO de VICENTE GALLEGO
TUSQUETS, 2012


Vicente Gallego (Valencia, 1963) es uno de los principales representantes de la poesía de la experiencia. Es autor de los libros de poemas La luz, de otra manera (Visor, 1988), Santa deriva (Visor, 2002), Cantar de ciego (Visor, 2005) y Si temierais morir (Tusquets Editores, 2008). El espíritu vacío (Pre-Textos, 2004) es su obra narrativa más recienteSu obra poética ha tenido numerosos galardones, entre otros el Nacional de la Crítica, concedido en 2002 a Santa deriva.
Cuatro años después de Si temierais morir, donde el poeta se introducía en los sutiles senderos del espíritu , en éste canta ese mismo espíritu hecho mundo, alentando en cada piedra y cada alma.  . Mundo dentro del claro alude al mundo en relación con el espíritu. Estructurado con piezas largas intercaladas   con   poemas breves, llenos de luz   que constituyen una novedad, y no sólo formal, en la poética del autor. Este libro es una celebración total del  universo: una profunda oda a lo natural, a lo puramente sensorial, dentro de una armonía, sin duda creada por esa sencillez expresiva en una búsqueda de lo puramente esencial, una alegre compenetración con la naturaleza, en la que el goce de lo instantáneo se une a ese darse a lo exterior, emergiendo de dentro de ese espíritu que antes estuvo encerrado y que ahora se abre a los prodigios de su luz.  Hay dentro de esta  poesía una serie de elementos que la hacen distinta, muy cercana a la forma oriental  ya vigente en la frase zen que encabeza el libro: “ El verdadero vacío, la maravilla de las cosas”  y presente en todo el poemario por esa aproximación al haiku, no solo por la consagración de lo  instantáneo y su imbricación absoluta en la naturaleza, sino por su sintetización formal: “Se hizo sin pensar/ me vi partiendo, al borde del camino/ la rama del hinojo/…”, toda una “iluminación”  al más puro estilo zen.
Hay en todo el poemario un tono celebratorio, una especie de canto al mundo y a sus elementos: “Suavidad de este aire,/ beso audaz de la tierra,/ perdón claro del fuego,/abismo de la luz,/ murmullo de las aguas,/ ¿no ha de alzarse mi estrofa?/…”  y al mismo tiempo una clara intención de depuración poética: “ ¿Se puede con el hueso del poema/ -pelado del decir, servido en blanco- / convidar su pulpa, darlo pleno?/…”, para llegar a decir: “descárname, palabra, y abre mundos.”, como sistema de profundización en este territorio de la pureza del poema, que se ciñe al misterio de lo sencillo y de lo instantáneo, para la mejor interpretación del mundo: “En este eterno instante/ todo está comprendido, lo grueso, lo sutil,/de la cósmica noche y de su día.”. Y al mismo tiempo una comunión con él: “ Bajo la dejadez del cielo azul,/ a orillas del mar, cumplido el día,/ arena entre mis dedos, sal de amor/ en esta intimidad de la ola blanca”, tan hermosamente definida y tan contundente: “ En el pecho sufrido de la noche,/ la plata del lucero.”,  bajo el poderoso influjo  del  instante luminoso: “…Antes, antes, entero y vivo, un destello –la avispa-/ prendió fuego a los mundos.”.
Un poemario, que sin duda, marca un tiempo en la trayectoria poética de Vicente Gallego, que trasciende del espacio íntimo a una especie de fervor ascético, y al mismo tiempo celebratorio, en el que la presencia de los elementos unificadores de la naturaleza le dan su  más hondo sentido. 
©F.Basallote
Publicado en Papel Literario, 14/01/2013


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