jueves, 9 de mayo de 2013

RESEÑAS III - POETAS ESPAÑOLES. Antonio Gamoneda, "Canción errónea"



RESEÑAS DE OBRAS DE POETAS ESPAÑOLES

“CANCIÓN ERRÓNEA”  de ANTONIO GAMONEDA










SIN MIEDO NI ESPERANZA
A propósito de “CANCIÓN ERRÓNEA”  de ANTONIO GAMONEDA.
Tusquet.. Barcelona, 2012


Antonio Gamoneda, (Oviedo, 1931), es uno de los grandes escritores españoles contemporáneos. Lo dicen sus títulos (Premio Nacional de Poesía, Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el Cervantes y el Premio Quijote de las Letras Españolas), pero aún más alto lo dicen sus poemas, a los que ha vuelto después de cuatro años de la publicación de su anterior libro, “Extravío de la luz.”. 

Perteneciente por edad a la generación histórica de los cincuenta, Antonio Gamoneda es un poeta que se sale del perfil habitual de sus coetáneos. Su poesía es, toda ella, una consideración sobre la muerte. El dolor ante la injusticia, la propensión a la belleza, y una piedad asentada en la fraternidad de los desheredados, alcanzan en sus versos una rara intensidad expresiva al servicio de un pesimismo esencial, en el que tiene un peso indiscutible la dureza de la vida :“- Mi infancia transcurrió en los años de la inmediata posguerra. León, que había sido dominada por los militares rebeldes engañando a los mineros asturianos, se convirtió en un inmenso penal. El Hostal de San Marcos, Santa Ana, Puerta Castillo… todo eran cárceles. La ciudad era un lugar de represión y eso llegó a entenderse con una normalidad terrible.”. Ese contacto con la injusticia  sin duda lo marcaron, dejando su sello no solo en su poesía sino en su propia actitud ante la vida. Recientemente en unas declaraciones a la agencia EFE dijo lo siguiente, manifestando su posición respecto a los acontecimientos que asolan a nuestro país: "Dentro de este accidente que es la vida existe la solidaridad con el que sufre, con el amigo, y, como la vida tiene dos caras, también encontramos la insurgencia poética que debe existir ante la injusticia, ante el opresor, y hoy más que nunca". Añadiendo: “Tengo una pequeña filosofía con respecto a lo que estamos viviendo: las cosas tiene que ponerse muy mal para que cambien”. Entiende que la poesía debe ser social, por sus coordenadas vivenciales: "es significativa de mi interioridad, de mi subjetividad, pero yo estoy en una lengua, en un país, en unas circunstancias históricas".Antonio Gamoneda ha definido la poesía en uno de sus ensayos: "Es arte de la memoria en la perspectiva de la muerte" y, recientemente: «La poesía no nos lleva a la salvación total, pero se le parece y es ese parecido el que nos consuela»

De  su último libro “Canción errónea”, ha dicho: “…este libro ha sido escrito con amor a la vida, pero en la perspectiva de la muerte. Quizá en este libro aparece una especie de entristecida conformidad, y si no conformidad, algo así como la entristecida indiferencia. En mi vida y en mi poesía ya no hay miedo, pero tampoco queda esperanza, aunque sí una especie de acomodación a ese hecho natural que está en los límites de la existencia.”.Su concepción de la vida como accidente se manifiesta en este libro, y el mismo poeta dice de ello lo siguiente: "Lo normal es no existir -argumenta el poeta-, la vida es un accidente, un error; pero un accidente en el que el hombre ha alcanzado tener experiencias como el amor, la amistad, el descubrimiento de la belleza, las formas del arte o del sonido. Y a esos hallazgos son a los que hay que dar importancia, a esas cosas hermosas que excitan positivamente nuestro ánimo y sensibilidad.”. Para  el crítico Ángel Luís Prieto de Paula es “Una obra absolutamente excepcional en la poesía de nuestro tiempo... Dios ha desaparecido, y en el vacío sólo quedan estos versículos de una belleza inhóspita e insondable, regidos por los compases de una pavana fúnebre.”


El libro toma el nombre del largo poema “Canción errónea”, que ya había aparecido en el libro “Extravío en la luz”, publicado en 2008, con grabados de Juan Carlos Mestre, un poema que es una continuación de sus últimos libros, los que han venido a denominarse el ciclo de la muerte: “Libro del frío” ,(1992) y Arden las pérdidas (2003)   . Dentro de su constante indiferencia por la muerte, su palabra es un reiterativo monólogo en el que esta postura negativa y de vacío es primordial: “ No hay causa en mí/ En mí no hay  más que cansancio y / un antiguo extravío:/ ir/ de la inexistencia / a la inexistencia./…” , “ Desprecio/ la eternidad./ He vivido/ y no sé por qué./ Ahora/ he de amar mi propia muerte/ y no sé morir./ Qué equívoco.”; “ …Lo deseable sería, / efectivamente, no tener pensamiento; descansar en la falsedad, y después efectivamente, sin miedo ni esperanza, cesar.”   Sin embargo, hay un lugar preferente para la luz: “Llamas a la luz y la luz viene como/ un animal transparente…”,  “…Ay de ti si retuvieras/en tus nervios silvestres/ la claridad inmóvil de un día incesante…”; “Después atravieso muy despacio las horas y advierto/ que en mi cabeza también está posándose suavemente la luz.”; aunque esta luz , asimismo de constante presencia , es muchas veces una luz terminal, la luz de la agonía, una luz hacia el tránsito, así recurre a los verso de José Lezama Lima “ La luz es el primer animal visible/ de lo invisible”, como única cita de poemas en el libro.

Siendo constantes de su poética todo lo anterior hay en “Canción errónea” dos matices que le hacen diferir de los libros anteriores y en cierto modo quieren tener un significado: por una parte como indica en la final “Notas y confidencias” , algunos poemas están dedicado a personas y lugares concretos, entre los primeros pintores, escultores, músicos, directores de cine   y escritores, y en cuanto a lugares, desde Venecia a barrios de León como el de la Sal o Cantamilanos. Por otra parte, se manifiesta en algunos poemas  una luz distinta, como un detenido goce en la belleza del mundo sin demasiado asomo a ese interior volcado constantemente en la pasividad del vacío. Poemas como  “En el fulgor de los equinoccios…”, donde encontramos la belleza de las palabras ausentes del peso nocivo de la muerte: “…En el fulgor de los equinoccios eres roja y solar y estás/ ebría; estás ebria de ti misma y la música se desprende de ti…” o el poema dedicado a Venecia: “…Veo el perfil de las ojivas cárdenas/ y grandes lámparas sobre el agua nocturna./ Vivo la incandescencia y me invade un clamor: un mar de música/ se aloja en mis cabellos./ Es/ la hora sin tiempo/…Mira ante ti/ como si fuera a amanecer.”    Y aunque añadan a su poética un sesgo de detenimiento en la cotidianidad de la belleza, no logran dispersar  esa obstinación estremecedora en su persistente vacío, consiguiendo no obstante enriquecer aún más este último libro del ciclo de la muerte, en el que paradójicamente prevalece la indiferencia ante ella,“sin miedo ni esperanza”


©F.Basallote
Publicado en Papel-Literario, 29/01/2013

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