jueves, 18 de abril de 2013

RESEÑAS III - POETAS ESPAÑOLES. Guadalupe Grandes, "Hotel para erizos"



RESEÑAS DE OBRAS DE POETAS ESPAÑOLES

HOTEL PARA ERIZOS de GUADALUPE GRANDE








UNA DERROTA NECESARIA
Sobre HOTEL PARA ERIZOS de GUADALUPE GRANDE
Calambur. Madrid, 2010.


Guadalupe Grande (Madrid, 1965) es licenciada en Antropología Social. Ha publicado los libros de poesía El libro de Lilit (Premio Rafael Alberti 1995), La llave de niebla (2003) y Mapas de cera (2006).   Sus poemas figuran en diversas antologías; entre ellas, Hilanderas (2006), 33 de Radio 3 (2004), Mujeres de carne y verso (2001), Milenio (1999), Norte y Sur de la poesía Iberoamericana (1998), Poesía Ultimísima (1997), Ellas tienen la palabra (1997) y De varia España (1997).   Junto a Félix Grande y a Antonio Hernández editó las Obras completas de Luis Rosales. En 2008, obtuvo la Beca Valle-Inclán para la creación literaria en la Academia de España en Roma.
Reivindica la poesía como un imprescindible cataclismo personal: “Pienso que escribir poesía sea quizá una derrota necesaria. Pienso en la palabra derrota y me abrazo a ella como el náufrago se abraza a la última ola. … Pienso en las palabras, su rescoldo, su ceniza, su sonido, su música de sentido. Pienso en la poesía como en las palabras de un náufrago...  

En este  Hotel para erizos   aloja  Guadalupe Grande poemas que trascienden de su rico cosmos de palabras  e imágenes a una esfera que está mas allá del propio subsconciente, como un espejo donde se maclan tiempos y espacios invitando en la soledad de sus habitáculos a una reflexión  sobre el hombre y sobre su trayectoria personal en un mundo en el que sus pasos no son siempre hitos de la historia sino algo más importante, la historia misma ejecutada día a día por las pequeñas ilusiones que superpuestas concretan el frágil entramado de la efímera presencia de la emoción del hombre.


Inubicado  en el espacio, este hotel está en cualquier parte, sólo hay que atravesar el espejo para localizarlo. Así “la mañana del 15 de abril de 1490, Jeroen van Aken salió de su casa. América aún no existía…no se preocupaba del futuro, la eternidad era su insensato lazarillo, y más valía un embudo hacia el paraíso circular del pecado…, Jeroen van Aken conocía el silabario del desorden, el ábaco del esperpento...”. Él resolvería  para sí el misterio de la piedra de la locura y trasladaría al lienzo el enigma para el tiempo posterior…  Al final las distancias no existen y en un mismo plano habita la diosa Kali con sus cuatro brazos: “…al borde del arrozal, al borde de la simiente sonora y estéril que comunica Kampur con  Delhi, Londres con Vadora y el carmín con la sangre invisible.”. De todos modos averiguar las coordenadas de espacio y  tiempo del Hotel para erizos no es más que intentar averiguar una verdad sobre el lugar y el tiempo del ser humano, núcleo de todo: “ Cualquier sitio, cualquier punto cardinal termina en el centro.”


A fin de cuentas, el Hotel para erizos se encuentra en la evidencia de que no existe tratado de la medida posible para el ser humano:” Lo que cabe en una mano/ aún antes, antes que la sal mida el tiempo/ la cabeza de las mujeres rasuradas en la resistencia/…/ Lo que cabe en una mano/ cuando un cuerpo es del tamaño de su sombra/…”. Es tal la intensidad de la indiferencia que “Poco importa ya que Liverpool no exista del otro lado del Mersey. / Al fin, todo lo que no existe es un mapa de la otra orilla.”  Y de nada valen los diccionarios  bisiestos,  ni  los sonajeros oráculos de Casandra,  “el amuleto ancestral, ahí el atrapadudas, el juntapenumbras, la siempreviva carcasa que resguarda las simientes vacías.”.  Y en el fondo el ser humano siente que “El universo es un misterioso laberinto de compensaciones: un trozo de pan de ayer, un dedal de aceite…”.


Y queda el poema: “Un anfiteatro vacío, ¿no es un poema? .Y como narrar el pequeño rostro de ese espacio sin llenarlo, qué desmesura, qué exigencia, qué eclipse…”, ese espacio del tiempo maleable donde habitan las palabras, donde emergen en su dolor inicial, en su luz primitiva, en la acepción más clara de la emoción, donde escribir  “De atrás adelante y vuelta a empezar…”, y donde “Flotan las blancas cerezas, carne votiva sin madurar o migas de pan para la memoria.”  y “llega el erizo con una lágrima en cada espina…”. Y todo ello vivido, sentido, trasladado “Al otro lado de la vida, al otro lado de la infancia, al otro lado del jardín…”. En el envés de ese espejo donde de verdad existen las palabras.


Hotel para erizos, es el hotel de la existencia donde infancia, historia, mundo, espacio, tiempo, cohabitan en los versos que desconexionan el dolor y la precariedad de la vida en algo  tan coherente como la celebración en la palabra, no exenta de cierta enigmática  pose, de un peculiar misticismo   que no es sino la profundización en los designios ocultos de la existencia.


©F.Basallote
Publicado en Papel Literario, 28/03/2011

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