sábado, 30 de marzo de 2013

RESEÑAS III - POETAS ESPAÑOLES. Manuel Jurado, "Las islas en noviembre"



RESEÑAS DE OBRAS DE POETAS ESPAÑOLES


LAS ISLAS EN NOVIEMBRE de MANUEL JURADO











MEDITATIO MORTIS
Sobre LAS ISLAS EN NOVIEMBRE de MANUEL JURADO
Premio de Poesía TOMÁS MORALES
Cabildo de Gran Canaria. 2009




Dentro del universo maravilloso de su palabra poética,  tejida  con versos de una esencia de luz que trama ámbitos de claridades, desciende Manuel Jurado (Sevilla, 1942)  a unos paisajes en los que el tiempo se detiene no para celebración de la sublimidad del instante sino como interesado vocero de la certeza de su devenir, de la constancia de la niebla que como en la Estigia es la antesala  del paso definitivo, de ahí el simbolismo de su nombre, la última soledad emerge en islas rodeadas por la niebla de noviembre, uniendo así  en el instante del ocaso la sublimación de todas las imágenes que sugiere el mes de los santos.


Con un verso depurado en el que el juego acertado de los heptasílabos y endecasílabos junto a alejandrinos  produce una agradable sonoridad  y un ritmo en el que se desliza un mundo de lúcidas metáforas y de espléndida riqueza de léxico utilizado con la sabia maestría  característica del poeta en una espléndida celebración de la palabra y elaborando, una suerte de tema con variaciones a partir del concepto terminal que late en el libro, convirtiéndolo en una profunda reflexión desde todos los ángulos posibles:  Desolación, decadencia, memoria,. ocaso y muerte, no exentos de reflejos de fina ironía.


Tres partes conforman el libro: La luz en vuelo, Campo de olvidos y Cosido a mano, siendo a nuestro criterio la segunda el núcleo fundamental del libro, y a ella llegaremos  en esta reflexión tras las dos primeros, añadiendo al tema con variaciones una suerte de escala de intensidades de tal modo que dicha almendra asuma por excelencia  el carácter total del libro.


La luz en vuelo se inicia con los versos de Michel Deguy: “Je parle de ce matin bleu léger frais d´automne” y de Antonio Lara: “Vamos a pensar que nada es triste, que el sol calienta poco a poco nuestras venas” y en ese escenario otoñal  el poeta quiere “Vivir como los pájaros, en vuelo/ con los pájaros sobre las pestañas /y en las ramas sin flor de la tristeza/…/ Vivir sólo en vuelo.”quizás para alejarse de un mundo en decadencia  donde “las muchachas de larguísimas / piernas desnudas corren hacia el río/ de luces mandarinas/ por las calles mojadas del otoño, /…/ y / los ángeles ancianos se estremecen en su virtud arcaica/, se les nublan los ojos de deseo/y sus labios se fruncen con la mueca / de besos desdentados./” y en el que todo es memoria de un tiempo “que ya ha cumplido…” y que aún “huele a rama de incienso/ a Madera de Oriente/ y a membrillo dorado.”, consciente de que “…esa sombra / es la memoria enferma/  que nunca hemos perdido.” y de que  “ Es un dolor que tiene/ su nombre y apellidos.” , así como la certeza de que “Dentro de poco tú/ serás el texto inédito/ de tu vida sin ti.” Entra en  esta primera variación  suavemente, tocando incluso la ironía: “He dejado el tabaco/ la unidad de descuidos/ intensivos, el bourbon, / el chocolate suizo/…/ Ahora me dedico/ al vicio solitario/ de escoger los poemas/ para la antología / final de mi descrédito.”
  

En Cosido a mano hay un crescendo lento casi adagio, en el que el tema se inicia en “…las tardes de noviembre/ cuando el azul se va descomponiendo/ en malvas y azafranes…” y  “ en la levedad de las palomas/…/ que si desnudas, los huesos de su luz/ forman altivas fuentes / de perfumes….”,  y “ Por eso, un corazón festoneado/ de sombras y pespuntes/ vestido de piedad…” vive en noviembre  “ …en un país extraño/ que cambia de fronteras…” hasta  decir “ que en otro cuerpo vive mi vida innecesaria: /cuerpo de ramas, cuerpo deshabitado, cuerpo/ con óxido de amor y pliegues de ternura… “


En campo de olvidos, en tempo vivace, incide rápidamente en el tema: “Yo conozco el perfume de la muerte/ derramado en la carne derrotada./ Yo conozco los pliegues del sudario / tejido de organdí y de ceniza…”, y en ese movimiento “Los días son sólo insinuaciones/ que la muerte nos hace…” y “En las mañanas de viento/ la muerte se despeina la memoria…”, muerte que provoca una cierta  libertad  “ Qué libres son los muertos en su muerte/ ya nadie pone en duda/ su edad exacta/ su voluntad finita.” e incluso para hacer honor a su estilo poético, la ironía:  “ La muerte perfecciona / el modo de cruzar/ los brazos sobre el pecho/ desnudo de codicia/…”. Termina  en el siguiente epitafio:  “Quien ya no está/ existe por su ausencia/ para morir después/ en muertes repetidas.”

Siendo la poesía de Manuel Jurado esencialmente vital, de gozosa plenitud de luces y esplendores solares, toca en este libro el tema de la muerte, con la pulcritud acostumbrada y sin tenebrosidades, antes bien, con su fina ironía patente, en  ese aire frío de las islas de noviembre realiza una particular meditatio mortis.


©F.Basallote
Publicado en Papel Literario, 12/11/2009

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