jueves, 28 de marzo de 2013

RESEÑAS III - POETAS ESPAÑOLES. Coriolano González, "Otra orilla"



RESEÑAS DE OBRAS DE POETAS ESPAÑOLES

 

"OTRA ORILLA" (Cuadernos de Guillermo Fontes)

de CORIOLANO GONZÁLEZ

 

 

 

 

 

LOS SIGNOS DE LA MEMORIA

A propósito de "OTRA ORILLA" (Cuadernos de Guillermo Fontes) de CORIOLANO GONZÁLEZ MONTAÑEZ.
Ediciones: Baile del Sol. Tenerife

Perteneciente a la generación de los noventa, Coriolano González (Santa Cruz de Tenerife, 1965). es un referente de la nueva poesía canaria .Poeta y periodista. Ha publicado los libros de poesía: Dublín, entre el mar y la sangre (1984), Las llanuras del desierto (1991), Conjura del silencio (1994), Cuaderno irlandés (2001), El viaje (antología personal, 2002), Las montañas del frío (2005), El tiempo detenido (2006) y Otra orilla (2008), entre otros.. Su obra figura en las antologías: La nueva poesía canaria (Editorial Verbum. Madrid, 2001); Los transeúntes de los ecos (Antología de poesía contemporánea en Canarias) (Editorial Arte y Literatura. La Habana, 2001); y Poetas de corazón japonés (Antología de autores de “El rincón del haiku) (Editorial Celya. Salamanca, 2005.


Otra orilla (2004-2007) es una obra poliédrica desarrollada en  distintas facetas  que reflejan la visión del autor sobre un  mundo hecho de perplejidades en el que la memoria trama la urdimbre de interrogaciones existenciales sobre el hombre y la tierra  que habita, no exenta  de hondos matices sensoriales , en los que la luz y el paisaje aparecen transidos de plasticidad, “... de preciosos detalles, de tesoros guardados en la mirada,…” como diría el poeta Ernesto Delgado, incorporando a la voz del poema la permanencia de la naturaleza, no como escenario mudo sino como espacio intensamente vivido. Una obra de intensa reflexión  en la que el poeta se busca en el retorno a la memoria y a los signos que ésta ha ido dejando en el camino.


Consta la obra de siete partes: Paisajes para la inmolación, Apuntes, Cuaderno de fuego, Cristal, Códice de la ciudad y Acerca de la literatura. En Paisajes para la inmolación, incide con una poesía de gran plasticidad y colorido en el paisaje de cuya contemplación emergen sentimientos encontrados: “ Un amanecer azul cuajado de nubes rosas…// Un mar estival turquesa y tibio..// Un atardecer rojo de tormenta…// Un mar gris invernal…/” es el decorado pictórico del poema Cuadros I, sobre el que el poeta incide en su búsqueda: “Un hombre busca el hombre de dios en el desierto…”
a la par que se detiene en el paisaje, tan íntimamente unido a su existencia: “…Las orillas en calma reflejan la luz blanca” , llegando el sentido plástico hasta el punto de de decir: “Un lienzo como una vida/ Un aroma lo cruza desde la adolescencia a la madurez.” Y en donde la memoria recorre los lugares del corazón : “ Todas las lluvias del recuerdo…/…/ Todas las lluvias del deseo… “


La segunda parte Apuntes versa sobre la decadencia y la presencia de la muerte, así como de la memoria: “No hay horizonte sin mar ni memoria sin muerte”, “¿En qué momentos somos conscientes/ de la existencia de la muerte…?, “ De qué estamos hecho si sólo somos memoria?.


Trazos es un delicado tratado sobre el paisaje, su nominación, la insularidad –tan presente en la poesía canaria y elemental en este poemario de soledad, y una constancia sensorial de la memoria.  En Apuntes sobre el paisaje , hay un acto de dominio del mundo: “ A este lugar lo voy a llamar viento./../ A este lugar lo voy a llamar mar./…”., y el poeta en esa posesión de la tierra se admira de nuevos descubrimientos del paisaje: “Observé cómo la bajamar descubría otra playa…”,  “La lluvia entre los pinos./El horizonte de la isla/a través de una gota…”. Descubrimientos no exentos del retorno a la memoria y a los sentidos: “El aroma que me trae el recuerdo,/…/El aroma de los sueños/ tiene el sabor de la madera apolillada/.../El agrio aroma del mosto que fermenta./../ Mermelada de naranja amarga/ y luna llena./”


Cuaderno de fuego es una especie de bitácora sobre la cotidianeidad y el viaje interno que supone la presencia de la memoria.: “…el sonido del agua me devolvió/el sabor de las natillas con galleta/y la ensalada de papas de mi abuela.”, preguntándose : “¿ De qué manera retendrá el mar/ la memoria de los cuerpos…?

En Cristal, habla de la infancia como lugar mítico donde anclarse : “¿Dónde hallar el límite de la infancia?” se pregunta el poeta y enseguida emergen:, “Aquella higuera de la playa de san Marcos,/ al borde del viejo camino de tierra junto a la casa, llenaba de aroma todo el verano..”. De nuevo los sentidos abiertos al mundo, como componente esencial de la memoria: “La Navidad sabía a mandarina y a turrón de almendra dura.”


Códice de la ciudad, es sobre todo un tratado de la memoria de la ciudad abandonada y el exilio donde la memoria reconstruye la identidad del tiempo perdido. ¿Dónde aquel banco en el que fui besado/ por vez primera/ y el tiempo se detuvo?, ¿Dónde están aquellas plataneras/ que desbordaban de luz y olor/ la travesía por el barranco…” Tiempo inolvidable en el que “Fuimos inmortales”.


Acerca de la literatura es una reflexión sobre la literatura, que termina con los siguientes versos:”El ejercicio de la escritura es un acto de recuperación de la memoria./ Escribir es, en última instancia, un intento de mantener y revivir el pasado”


Un libro construido desde la más profunda reflexión en la que el poeta trata de encontrarse a través de un viaje a la memoria, la memoria como principal recurso del poeta en la constante búsqueda, recurriendo a esos milagros instantáneos de los recuerdos, la búsqueda de la felicidad que alguna vez existió y que el tiempo a lo sumo convierte en la elegía por los paraísos perdidos. Recientemente el poeta Juan Carlos Mestre afirmaba: “Siempre se regresa al paraíso perdido. Lo cierto es que uno vuelve al territorio de la infancia, a los loci memoria, a los lugares de la memoria”, único lugar donde según Borges existe la dicha: “No hay otros paraísos que los paraísos perdidos .

©F.Basallote

Publicado en Papel Literario, 12/09/2009


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