jueves, 7 de marzo de 2013

RESEÑAS II - POETAS HISPANOAMERICANOS. J.Emilio Pacheco. "Contraelegía"



RESEÑAS DE OBRAS DE POETAS HISPANOAMERICANOS

CONTRAELEGÍA, ANTOLOGÍA  de JOSÉ EMILIO PACHECO
















CONTRAELEGÍA

ANTOLOGÍA  de JOSÉ EMILIO PACHECO

Edición, selección e introducción de Francisca Noguerol

Edita UNIVERSIDAD DE SALAMANCA-PATRIMONIO NACIONAL

Salamanca, 2009





El reconocimiento del mundo hispano a la poesía de José Emilio Pacheco (México, 1939) le ha venido en el pasado año 2009, por partida doble. Si en mayo recibía el Premio Reina Sofía de Poesía Hispanoamericana, en noviembre recibía el más preciado de los galardones de la Lengua Española: el Cervantes. Ya en 2005 había recibido en Granada el Federico García Lorca.

La Universidad de Salamanca, copatrocinadora junto al Patrimonio Nacional del Premio de Poesía Reina Sofía, editó en su colección Biblioteca de América con selección e introducción de Francisca Noguerol una completa antología que incluye los dos últimos libros del poeta editados en 2009: Como la lluvia y La edad de las Tinieblas. De su obra poética anterior se destacan: Los elementos de la noche,1963; El reposo del fuego,1966; No me preguntes cómo pasa el tiempo,1969; Irás y no volverás ,1973; Islas a la deriva,1976; Desde entonces,1980; Trabajos en el mar,1983; La arena errante,1999  y  Siglo pasado (Desenlace), 2000.

En una encuesta realizada por la revista Letras Libres en 2005, fue designado como el “mejor poeta mexicano vivo”. Mario Benedetti, lo definiría como poeta total:”El gran atractivo de su obra poética es su constante bucear, con palabras conocidas, en lo desconocido…”.Él mismo se define “como un pesimista, al tiempo que vitalista”  y a su poesía como “una forma de amor que sólo existe en silencio/ en un pacto secreto entre dos personas,/ de dos desconocidos casi siempre”.

Acercarse a la ingente obra poética de José Emilio Pacheco es entrar en un universo multidireccional en el que el lenguaje poético adquiere todas las formas y en el que hay una presencia constante del hombre y de los grandes temas de la poesía: El tiempo, la vida y la belleza, la naturaleza, la memoria personal e histórica, …

Contraelegia es el título de un poema definitorio de su poética, perteneciente a su libro Irás y no volverás: “Mi único tema es lo que ya no está./ Sólo parezco hablar de lo perdido./ Mi punzantes estribillo es nunca más. / Y sin embargo amo este cambio perpetuo, este variar segundo tras segundo,/ porque sin él lo que llamamos vida/ sería de piedra.”

 En el poema anterior leemos la presencia del tiempo en un concepto heracliteano, así en El reposo del fuego  y en su poema Don de Heráclito dice: “Fuego es el mundo que se extingue y cambia/ para durar(siempre) eternamente…”. Impregnado de este concepto existe en su poesía una celebración del instante, no sólo como culmen sino como  fugacidad. En su traducción de Netzahualcóyotl : “No tenemos raíces en la tierra/ No estaremos en ella para siempre/ sólo un instante breve/…”, queda patente este concepto de su efímera esencia; pero en su poesía hay una trascendencia mayor de esa fugacidad que puede llegar a perdurar en la intensidad de lo vivido, así en su  poema Venus Anadiomena, por Ingres dirá: “ En el cuadro rehecho sin sosiego/ tu carne perdurable es joven siempre./ El mar se hiende atónito y observa/ otra vez el milagro”.



Poeta vital, la Naturaleza en todos sus aspectos y especialmente en aquellos en que se nos muestra frágil y caduca, está presente en su poesía, así en el poema Ciudad maya comida por la selva de su libro Islas a la deriva  dirá “De tanta vida que hubo aquí, de tanta/ grandeza derrumbada, sólo perduran/ las pasajeras flores que no cambian.”, flores simbolizadas por la camelia en el poema de Los trabajos del mar, Perduración de la camelia: “ Bajo el añil del alba flota en su luz/ la camelia recién abierta/…/ a los tres días de su nacimiento/ se desmorona en pétalos sombríos,/polvo que se hace tierra y de nuevo vida.” Ese amor por la naturaleza  enlaza coherentemente por su preocupación por la destrucción del mundo, un ecologismo no superficial ni coyuntural sino inmanente con su propia concepción poética y que en el poema El pulpo del citado libro anteriormente se expresa así: “  Oscuro dios de las profundidades,/ helecho, hongo, jacinto,/…/ Qué belleza nocturna su esplendor si navega/ en lo más penumbrosamente salobre del agua/ madre, para él cristalina y dulce./Pero en la playa que infestó la basura plástica/esa joya carnal del viscoso vértigo/ parece un monstruo. Y están matando/ a garrotazos/ al indefenso…”   Y dentro de este amor a la naturaleza destaca la luz que impregna  sus poemas como en el  ya citado Venus Anadiomena: “…Invento de la luz, ala de espuma,/ surges de las profundidades mas azules.”o en Alabanzas del libro Miro la tierra : “ El instante se ha llenado de azul/ Caminamos bajo la monarquía absoluta del sol./…”.

Poeta de la memoria, la cual constituye un elemento fundamental en su poesía, consolidado en su libro  Ciudad de la memoria, de su canto elegíaco no excluye nada. Canta a las personas, como al poeta Ramón López Velarde en Irás y no volverás “El otoño era la única deidad./ Renacía/ preparando la muerte…”; pero también a las culturas desaparecidas, como en Presagio de Islas a la deriva: “  -Vuelven los dioses- dijo Moxtezuma-/ Las profecías se cumplen. No habrá oro/ capaz de refrenarlos. Del azteca/ quedarán sólo el llanto y la memoria.”, o a la belleza perdida en el poema A la que murió en el mar de Irás y no volverás: “El tiempo que destruye todas las cosas/ ya nada puede contra su hermosura./ Ya tiene para siempre veintidós años. Ya se ha vuelto corales, musgo marino…”, Elegía en la que reafirma sus convicciones sobre el tiempo y la cíclica permanencia  del mundo.

Enlazando con esa constancia del mundo y al mismo tiempo de la permanente destrucción hay en la poesía de José Emilio Pacheco una reflexión sobre la historia:  En Prehistoria de El silencio de la luna dirá su protagonista, el hombre primero:  “Gracias a ti, alfabeto hecho por mi mano/ habrá un solo Dios: el mío./…/ una sóla verdad: la mía…” .Reflexión  en la que prevalece la ciudad de México en el espejo contradictorio del mito y de su descomposición. En el Reposo del fuego, dirá en su tercera parte: “Bajo el suelo de México se pudren/ todavía las aguas del diluvio…” y en el poema  Fray Antonio de Guevara reflexiona… de Irás y no volverás, lo hace sobre las ruinas de Tenochtitlán: “…Temistitán, ciudad arrasada/ para que sobre sus ruinas brille el sol/ del Habsburgo insaciable.”

Terminamos con las palabras de Francisca  Noguerol: “Un poeta en la cima de una creación marcada por el rigor y la energía, al que sólo se puede comparar con los humanistas del Renacimiento y que, aún consciente de la inminencia de la catástrofe, sabe apreciar en todo momento la belleza del instante, la vida , la luz”



© F.BASALLOTE

Publicado en Papel Literario , 19/10/2010

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