domingo, 10 de marzo de 2013

RESEÑAS II - POETAS HISPANOAMERICANOS. Pablo Anadón, "Estudios de la luz"



RESEÑAS DE OBRAS DE POETAS HISPANOAMERICANOS

Estudios de la luz de Pablo Anadón











LUZ DE LA COTIDIANEIDAD
a propósito de Estudios de la luz de Pablo Anadón
Pre-Textos. Valencia, 2010.


Pablo Anadón,( Córdoba, Argentina, 1963) ha publicado, en poesía: Poemas ,( 1979); Estaciones del árbol (1990),  Cuaderno florentino y otros poemas italianos ( 1994); Lo que trae y lleva el mar – Poesía 1978-2003 (  1994); La mesa de café y otros poemas (2004) y El trabajo de las horas – Poesía 1994-2004 (  2006). Ha sido incluido en  Los poetas interiores (Una muestra de la nueva poesía argentina),  elaborada y prologada por el poeta argentino Rodrigo Galarza.  Es autor de las antologías críticas Poetesse argentine (1994), El astro disperso. Últimas transformaciones de la poesía en Italia. 1971-2001 (  2001), Premio de Traducción del Gobierno de Italia y Señales de la nueva poesía argentina (2004 ). Ha publicado traducciones de Dante Alighieri, y autores contemporáneos italianos. Vivió entre 1987 y 1994 en Italia, donde fue becario en la Universidad de Florencia y docente en la Universidad de Cosenza. Doctor en Letras por la Universidad Nacional de Córdoba, vive actualmente en Alta Gracia y trabaja como profesor de Literatura Argentina y de Literatura Hispanoamericana en la enseñanza universitaria. Ha fundado y dirige desde 1997 la revista de poesía y crítica Fénix y la colección de libros del mismo nombre.


Según el crítico García Martín, Anadón pertenece a la corriente poética minoritaria en Argentina que “no desdeña la métrica tradicional, ni siquiera el benemérito y para tantos caduco soneto. Participa también del realismo, pero de otra manera: no el realismo sucio, sino el intimista. “. Esta corriente que, según Rodrigo Galarza, está radicada en las ciudades del interior y representa  apenas un 10% de la poesía argentina, concentrada en su mayor parte en el área de Buenos Aires. De ella dice Pablo ¨Anadón en Señales de la nueva poesía argentina, que “...utilizan lenguajes cotidianos con la incorporación de vocablos vinculados a la contemporaneidad y la exclusión de todo término que pudiera tener algún relumbre de la tradición literaria, que hay actualización, renovación del punto de vista, perspectivas diferentes, inmediatez,…”. Él mismo, autoincluido en esa corriente dice en la Nota preliminar de su obra  El trabajo de las horas / Poesía 1994-2004, lo siguiente: “No renunciar, por una parte, al prosaísmo, que es la huella visible de la vida vivida, como esas marcas que dejan en la madera de la mesa los vasos, los niños, los años; pero tampoco eludir el lirismo, incluso aquel que nace como un espejismo de la desolación,”


Fiel a su poética, en estos Estudios de la luz,  Pablo Anadón se detiene en la oscura elementalidad de lo cotidiano, insistiendo –como él mismo dice en la presentación del libro- “ en el intento de extraer un poco de materia luminosa incluso de la más compacta opacidad.”


Tiene este Estudios de la luz, tres partes, en las que sin romper el concepto unitario del libro presentan matices de su decir poético, leves matices espacio-temporales algo así como tres etapas de un mismo proceso, en el que a diferencia de cierta –mayoritaria- poesía moderna. que menosprecia la anécdota, él la asume, la dignifica y busca en esa parsimonia de los sucesos cotidianos esa luz escondida, quizás la última razón de su existencia. En la primera parte,  se detiene en las cosas a su alcance, en lo inmediato, como en el primer poema del libro: Traduciendo a Robert Frost, “ Con mi libreta y mi lapicera/ Jugando al juego de la poesía…”  o en otras más elementales, como el rito del café: “ Mientras espero que suba el café/ Pienso en la cafetera, ahí, sobre la hornalla/…/ Aquí está, servicial, práctica, hermosa./ Ayudando a servir cada jornada,/…/ Sólo habla/ Ahora cuando asciende el café a borbotones….”, el gozo de la mañana en su luz: “La luz del sol, la luz del mediodía/ en el cielo celeste, casi blanco/ Cruzado por el grito de unos loros/ Y el planear en descenso / De una paloma sobre la palmera./…”, así meramente descriptivo y trasladando la lenta emoción de las cosas, como el ruido de la segadora  “…Que nos ensordecía .Y entreoímos/ En la mente el latido de esta hora/ silenciosa del campo…” al disfrute resultante. Y cómo en ellas se palpa no una vida oscura, sino unos desconocidos encuadres de la luz: “ Y se desliza junto al cuerpo tibio/ De la mujer dormida. Y se abandona,/ Libre de ser ese que ha sido,/ Y reclina su sien sobre la almohada/Sin fin del universo.” Y los tiempos, las estaciones ,raen cada una su incertidumbre, sus carencias y sus glorias: “Al rumor de la lumbre, el desamparo/Del invierno se tiende, se acurruca/Como un perro cansado, y se adormece…”.


La segunda parte, sin dejar de ser el mismo escenario, es instrumentalizado como materia de la memoria, no en un elevado sentido elegíaco, más bien como aceptación de su evolución: “… Ahora es otro tiempo/El que mide las horas. También yo/ Soy otro. Otra es mi vida…./”. El regreso a la casa primera, en la asunción de la dicha pero al mismo tiempo de una cierta  tristeza: “Yo sé que en esa casa/Fui feliz, como puede serlo un hombre/ Que  ha vivido asomado siempre al vidrio/ De su desasosiego…”  y una especie de icono de lo sucedido: “…y esa puerta/ que dividió mi vida en dos mitades.”. Y en esa vuelta del tiempo perdido, el lamento de la pérdida : “ Quiero amar otra vez/ con la inocencia/ Con que te quise, allá en la adolescencia,/ Y en cada rostro vuelvo a recordarte,/…” , para en otro poema decir: “ Ahora que te miro en la memoria y pienso/Que no hace falta, al fin, que me repitas/Que de nada me sirve recordarte/ Si no hay, para el amor, ningún futuro…”. En la tercera parte se consolida en medio de las cosas evocadas, la nostalgia.: “Estaba toda la fragilidad/ del mundo en esa mano/ que apretaste en silencio/ sobre la mesa del café/…” , mientras ve pasar el tiempo y las cosas desde el bar: “ En este bar escribo, leo el diario/ Y el libro que el oficio o el azar/ Pone en mis manos, miro el día/ hoy de invierno pasar con sus diversos/ flujos de gente en las distintas horas,/…/.Para irisar mis días de azulada/ Ilusión verdadera: a uno y otros / los extraigo del fondo de mi pecho…”


Este material elemental y  primordial, lo dignifica el poeta con  el recurso de la métrica. Casi la mitad de los poemas son sonetos y el verso libre está facturado generalmente con endecasílabos.  Ello no evita la incesante presencia de lo cotidiano en la que el poeta creemos que cumple  “en el intento de extraer un poco de materia luminosa incluso de la más compacta opacidad.” y nos muestra esos fragmentos de la luz de la cotidianeidad..



©F.Basallote
Publicado en Papel Literario , 3/03/2011



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