martes, 12 de marzo de 2013

RESEÑAS II - POETAS HISPANOAMERICANOS. Elisa Buch, "A cuentagotas"




RESEÑAS DE OBRAS DE POETAS HISPANOAMERICANOS

A CUENTAGOTAS de ELISA BUCH














A propósito de  A CUENTAGOTAS de ELISA BUCH.
Ediciones El Ermitaño. México, 2007


Elisa Buch (México, 1949), ha publicado los libros de poesía Voces alzadas (Instituto Mexiquense de Cultura, 1994) y Quien se atreve (Verdehalago, 2003), y las antologías Casa de los horizontes (Ediciones del Lirio, 2003) y Cosecharán tempestades (ediciones del taller de Dolores Castro, 2004). Se ha dedicado al periodismo cultural desde hace más de veinte años. A lo largo de una década dirigió la Sección Cultural del periódico Ovaciones y fue colaboradora en El Financiero. Durante tres años coordinó el Encuentro de Poetas en el País de las Nubes, en Huajuapan de León, Oaxaca. Se considera discípula de la gran poeta mexicana Dolores Castro, de quien toma el poema que encabeza este libro: “Mi mano tiene muerte, / el polvo de sus alas entre mis dedos/ me recuerda que está viva”. Versos que encierran las líneas maestras de una poesía hecha de vida y deslumbramientos, una poesía extendida al sol de una delectación sin tiempo, en el ritmo pausado de lo que sucede entre las sombras sin perjuicio del gozo de la aurora. Ella misma ha definido el acto poético: “La palabra poética se da como se da un alumbramiento. En un momento dado, el poeta encuentra un “hilo sin principio ni final”, proyecta una letra que abre el verso a la eternidad en contraste con el tiempo mismo.”


En el prólogo de este A cuentagotas, dice la escritora  Francesca Gargallo: “El verso fue la palabra. A cuentagotas, entre la primera y la última noche, Elisa Buch ha hurgado en los recuerdos del amor y los rostros, de las cicatrices del tiempo y de la progenitura, y ha logrado levantar un íntimo remolino de voces. Su pasión por el otro, los pequeños fragmentos de historia, el instante que debe recorrer la voz para superar la mudez del dolor se expresan a través del ritual sagrado, verdadero cántico del deseo de creer que es la poesía. (…) Elisa Buch oficia la búsqueda del verbo en la alegría y en las pérdidas, sus versos se hacen palabra verdadera, la de las personas que saben, investigadas por la magia y el capricho, que la poesía crea en el silencio.”


Consta A cuentagotas de cinco partes: Entre la primera y la última noche, Tintamor, Entre cítricos, Acerca del instante y Rojo alegre en tus manos. Entre la primera y la última noche, que es la más densa, es asimismo el núcleo fundamental del libro, siendo las otras cuatro como una especie de corpúsculos de frágil composición y bellísima y reluciente estructura que tamizan el agridulce sabor del tiempo, tan presente en ese gran poema de la memoria en que consiste. En él se hace presente el tiempo primero, la casa de la infancia: “Qué blancura de estancia y paredes /Qué blancos ropajes/ con cicatrices que ataja el tiempo./…”, el patio abierto a los sentidos: “Recuerdo la niñez colgada del Purulh,/ el patio rodeado de macetas,/ vienen los olores a azafrán…” , la búsqueda del misterio que le obsesiona: “En el cofre / hurgo cartas y retratos,/ casi escucho su voz arrebatada,…” , la pérdida : “No conocí el despliegue de puertas y cerrojos/ donde guardaron a mi padre…”     el descubrimiento del dolor de la muerte y la presencia del recuerdo: “He guardado el eco de tu voz,/ los pañuelos bordados,/una flecha roja y las palabras precisas…”   que llega con el viento: “Estas oscuras ráfagas traen el rostro embravecido/ de tu ausencia…”.


Si las cuatro partes restantes tienen en común su estructura de estrofas cortas, en su mayor parte tercetos, y un fondo en el que prevalece solar y única la palabra, con una aproximación candente a la pureza, en Tintamor hay una presencia, no solo formal, sino de sentido del haiku japonés, estos tercetos conservan en su mayoría la estructura de 5-7-5 sílabas y cumplen las premisas de instantaneidad y sugerencias requeridas para el breve poema japonés. Veamos por ejemplo: “Lucen su pico/ los pájaros chillones/ de la montaña.”, “Marea el caracol/ mi centro en roca honda/ suelta tintamor.”, auténticos haikus  muy frecuentes en la poesía mexicana, donde como es sabido arraigaron a primeros del siglo pasado, con poetas tan destacados como José Juan Tablada  y posteriormente Octavio Paz.  La tercera parte, Entre cítricos, es una breve referencia a Sevilla y sus naranjales, así: “Flor de naranjo luce/ toda Sevilla anegada/ de gritos para la niña.”, en tercetos alusivos a ello, incluso una seguidilla: “Más allá del naranjo/ hiel que camina/ hasta llegar al centro/ de la rapiña.”. Acerca del instante, con una  estructura formal distinta, dentro de la  brevedad de los poemas, tiene también un contenido que su propio título adelanta, es como un intento de detener el tiempo en los instantes del amor, en los que laten reflejos de misticismo, como en  “Perdida en tu espesura/ regreso al paraje nocturno/ de alientos desmedidos.” , aunque se hace presente la dimensión de la carne: “ Me aturden tus cariños/ y la tibieza de unos besos/ siemprevivos.” , “…Tus labios desdibujan el día/ devoran mi aliento,/ recuerdan/ y sienten ataduras.” . En la última parte, Rojo alegre en tus manos, la pureza de la palabra está sobre todas las cosas, se hace música el dolor y el canto: “Abrazado a la marea/ con el púrpura en las manos/ acaricia el llanto.”, “olorosa tu sombra/ como aguardiente recién/ sacado al amanecer.”.


Un libro delicioso en el que la búsqueda del verbo en el dolor y en la alegría, con una mesurada actitud de celebrante silencioso en el centro de un mundo íntimo, ceñido a las latitudes de sus vivencias personales, que delicadamente transforma en la universal música de una poesía  esencial, extremadamente pura en su inocencia floral.


©F.Basallote
Publicado en Papel Literario, 28/05/2011

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