martes, 12 de febrero de 2013

RESEÑAS I - POETAS ANDALUCES. Manuel Senra, "Antología personal"



RESEÑAS DE OBRAS DE POETAS ANDALUCES

ANTOLOGÍA PERSONAL  de MANUEL SENRA









ESA VOZ HENDIDA POR EL TIEMPO
Sobre ANTOLOGÍA PERSONAL  de MANUEL SENRA
Ediciones MORENO MEJÍAS .EDITORIAL WANCEULEN. Sevilla, 2010



Trajo Manuel Senra de su Arcos nativo una alforja poética cargada de ilusiones y sobre todo un haz de lo perenne en poesía: amor, tristeza, dolor, elegía… Allí en la peña dorada de las tardes, dejando oír las campanas de Santa María y de San Pedro, con otros jóvenes entre los que estaban Antonio Hernández, José María Velazquez-Gastelu y Manuel Sánchez Mariscal, al socaire de lo que era el esplendor de Alcaraván, Manuel Senra apareció con el Grupo Liza  , que el tiempo y la vida se encargaría de disolver, pero dejando en él el sabor y la sed insaciable,  la poesía que nunca abandonaría, llevando en ella  ecos de los versos de Antonio Murciano, su maestro primero  de sonetos.

Dice su paisano Pedro Sevilla en el prólogo de Antología Personal “ Manuel Senra, sea bajo la disciplina del soneto o en verso libre, canta lo que se pierde –Antonio Machado es otro de sus maestros- , canta el paso del tiempo …canta a la belleza, que también es tristeza y canta a los poetas…” y esa voz hendida por el tiempo resuena como un eco de la peña en los sentidos poemas que recoge en esta Antología: poemas sueltos, galardonados en distintos certámenes, “caballos ganadores de esta carrera de fondo en solitario que es la poesía..”, dirá también Pedro Sevilla.

El primer poema de esta Antología Personal lleva por título Memoria y está dedicado a Antonio Machado que “…iba ungido/ con el agua bendita del desprecio…” dejando  “…los patios sevillanos,/ con olor a albahaca y limonero,…”. Un soneto cumple la elegía del maestro del que “…quiero beber del agua de tu fuente…”, reconociendo en sus versos  su condición de aprendiz-poeta.  Otro hermoso soneto recuerda a Miguel Hernández, – hay que reconocer en Manuel Senra su condición de experto sonetista, haciendo honor a su iniciático maestro arcense - , cuyo segundo terceto es de una gran fuerza: “Te asesinó el dolor. Te asesinaron./Y con tu vida a tu muerte atada,/¡ay cuántos versos se tragó la tierra! , siendo este último verso el más desgarrador lamento, no sólo por su pérdida, sino por lo que significaba para la Poesía…

Ya hemos citado la cualidad sonetista de Manuel Senra; pero aún a costa de incidir en ello no podemos eludir citar los Tres Sonetos Elegíacos  que obtuvo el Primer Premio en los Juegos Florales de la Vera Cruz sevillana y en los que el sentimiento y su humana proximidad dejan en el aire ecos de la Quinta Palabra de Julio Mariscal: “ La Vera Cruz, Señor. Ensangrentado./ Carne, madera y Dios. Gólgota ardiente./ Grito de redención. Carne paciente./…/ Cuatro surcos de cielo en tu mirada./ Y un manantial de amor en cada herida.”  También en un hermoso soneto canta a ese factor humano, tan importante en la Semana Santa sevillana como son los costaleros: “Madera y carne sobre el mismo lado./Cuando se lleva a Dios hay que ir callado...”

Si formalmente el poeta se manifiesta en ese formato clásico del soneto, temáticamente lo hace en los también clásicos parámetros de la poesía, siendo quizás el amor y una cierta meditación existencial otra característica elemental de su poética.  En un soneto dirá del amor: “El amor es prisión, gloria y tormento,/ rosa callada o pajarillo herido…”, en otro hablará del Triunfo del amor : “ En el hondón del alma tengo vida:/ besos de amor febril y mil canciones…” , mientras dirá en Mujer : “Abro de par en par los párpados y veo/ cómo tu luz me alumbra por entero. /Y tu presencia brilla en las paredes cuando/ la fuerza de tus manos enciende las estrellas.”  para terminar el poema Cerrados con estos dos versos: “ Se miran aún sin verse, se aprisionan,/ allí cerrados en un largo beso.”

El tiempo, su ineludible tiranía, es motivo para la queja existencial no exenta de la fina ironía que da la tierra y sus arcanos: “Sólo el que tiene el tiempo entre las manos, manda.”, dirá , ante lo que “ el escritor, en su impotencia, es nada:/ la diluida luz que se oscurece./ Pero/ el reloj sigue andando…”, ante lo que dirá: “Hay que vivir, para pasar más tarde./ Hay que reír, para pasar sin prisa…”, única forma de dilatar el paso del tiempo, una personal forma de vivir el presente, que en la belleza que  Abril descubre es gozo : “ Ay corazón, qué lejos late el tiempo/ cuando tu voz acerca claridades!”.  Mas hay una callada certidumbre en la finitud  pese a los esplendores de la luz: “…se entierra el tiempo que ya ha sido:/ una puesta de sol definitiva/…/ Es esa luz , esplendorosa y blanca,/ la que te ensalza y luego te sepulta/ un día ya sin pájaros ni nubes..” Y esa certeza, es también la de la presencia del dolor, que pronto se manifiesta rompiendo felicidades: “Adolescente todavía. Yo era/ un muchacho cualquiera que vivía feliz entre mis cosas/…/ Nunca sentí dolor, pero aquel día/ noté romperse un grito en mi garganta/…/ Después lo he sentido muchas veces…”.

Y en este ámbito, donde la existencia se erige en grito lastimero, fe de vida de una angustia y una búsqueda: “Vengo de andar buscando el mar a ciegas,/ de haber hurgado en los retratos muertos,/ de las horas de insomnio y desespero,…”, el poeta    se hace “…preguntas sin respuestas…”  y en medio de su desgarro personal dice: “ Aquí me tienes,/ esperando tu voz/ en la visible luz de tu grandeza.”  

Una Antología Personal de un poeta que con el instrumento de la palabra hurga en su propia intimidad, en los pasadizos subterráneos de  su historia, en la honda raíz de su existencia, en los susurros del silencio de su propia soledad, intentando buscarse en la verdad de esa voz que vibra en sus poemas. Una Antología Personal que es  una obra compacta, con una unidad que trasciende de su temática ya que viene de dentro del poeta, de su voz hendida en el eco de las profundidades del tiempo.


©F.Basallote   
Publicado en Papel Literario ,11/10/2010

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