sábado, 19 de enero de 2013

PRÓLOGOS DE MIS OBRAS - Estirpe del azar



ESTIRPE DEL AZAR

POR

JUAN MANUEL VÁZQUEZ SENTÍ








Francisco Basallote  (Vejer de la Frontera) obtuvo con este libro el premio de poesía “Ciudad de Ronda” 2009 porque supo transmitirnos algo tan difícil como el mundo mágico de su infancia, “aquellos días azules”, de sus primeras búsquedas: el profundo secreto de la existencia.

 Su pequeño paraíso de palmeras, jazmines, geranios… Manos como blancas alas que lo elevan hasta la luz. Una exquisita sensibilidad y sutileza. La sensualidad de luces y sombras, de colores y perfumes, “el táctil recuerdo de seda de los pétalos”. El paisaje desde la altura de las azoteas; la cal inmensa de luz y blancura, el azul del mar.

Los poemas se engarzan en el hilo tenue de “elemental memoria” que sólo se recobra  en estos suaves destellos de delicada poesía. Francisco Basallote es un poeta de tradición arábigo-andaluza: la nostalgia, la sensualidad, los pequeños detalles, la sutileza y el refinamiento, la hondura de nuestra tierra.

Un ejemplo de ello es el amor al agua transmitido por aquellos pueblos del desierto: la lluvia, el aljibe, la música misteriosa de los desagües, el riego del jardín; también el perfume de las flores, las delicias del tacto. “Maldigo la sed que nunca he saciado”.

La luz y la sombra –complementarias-  envuelven el devenir en el paso continuo de una a otra: “En el ajedrez de sombra y blancura jugabas con tu soledad las últimas partidas”.

Cuando se apaga la luz que se encendía en nuestro interior entramos en las sombras de nuestra existencia: la niebla. Siempre buscando reflejos de la luz perdida, aunque sea de luna. Antiguas ciudades orientales –belén de sueños- simbólico mundo donde se albergaba la felicidad egocéntrica de la infancia. Percibimos todo aquel orientalismo que de alguna manera conformó el barroco andaluz aquí atenuado por sabios matices de delicadeza exquisita, sin excesos expresivos.

Sin duda, este poemario se ha ido gestando lentamente: Es un fruto de madurez que ha aflorado empujado por poemas anteriores y por muchos siglos de poesía andaluza. Estamos ante una poesía de plenitud, que por supuesto, nos hace vibrar y reflexionar. Aquel niño quisiera volar con la llegada de la primavera. Aquellos intensos olores, aquel “oro fugaz”. “¡Ay! Si pudiera volver a los días luminosos”

En “Sombra adivinada” comienza a tomar contacto con lo negativo que va perfilándose en el envés de la ancha hoja de la vida, la otra cara de la moneda: “Un reino de luz se desvanecía lentamente…” ese declinar de polvo y sombra que viene también de nuestros escritores del XVII, que predicen finales de imperios y luces, el  ocaso de nuestras ilusiones.

“Todo fue. En su recuerdo revive” Con este verso se cierra este bellísimo y luminoso libro de nostalgia. Nacemos a la luz para terminar en la sombra y en la nada.

Sólo nos quedan los recuerdos.

JUAN M. VÁZQUEZ SENTÍ
Fuengirola, julio 2009

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