miércoles, 16 de enero de 2013

PRÓLOGOS DE MIS OBRAS - Palimpsesto de Plazuela



PALIMPSESTO DE PLAZUELA
PRÓLOGO de  GLORIA A. FRANCO RUBIO






      En los albores del tercer milenio, a diferencia de tiempos pasados, no corren buenos tiempos para la lírica. El profundo materialismo que impregna nuestra sociedad, nos está privando, entre otras muchas cosas, del goce de saborear viejos placeres como la lectura de poesía, hoy considerada un género obsoleto y nada acorde con el ritmo vertiginoso y frenético que invade nuestras vidas, tanto en el lenguaje como en las formas de percepción de la realidad. En este contexto, no es frecuente encontrar a gente apasionada por la vida que opte por utilizar el idioma en todas sus formas y giros hasta obtener con el lenguaje una variedad de imágenes y representaciones simbólicas que nos transporte a un paraíso de la belleza con el que no estamos habituados a convivir.

     Por eso, la creación de ejercicios estéticos de carácter lírico como el que nos presenta hoy Francisco Basallote con su obra Palimpsesto de Plazuela nos devuelve la esperanza de que el género poético, afortunadamente, no sólo no ha muerto sino que en ocasiones parece resurgir con gran vitalidad, como puede observarse en su ya amplia trayectoria literaria.

      Como cualquier manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior, borrada artificialmente, este palimpsesto le sirve al autor primero como reflexión y después a modo de catarsis; de ahí su utilización como instrumento de introspección colectiva con el que poder presentar una nueva mirada sobre nuestro pasado. Su carácter polifónico le ayudará a descubrir y recomponer esas huellas que muchos, en el curso de la historia, han intentado destruir, borrar o alterar, enmascarando los verdaderos hechos y reescribiendo otros con el que contar su versión, casi siempre alejada o a espaldas de la vivida por la gente. Desentrañar sus diferentes voces se convierte en el único camino para poner al descubierto lo primigenio y, a partir de ahí, reconstruir la historia en su autenticidad para que podamos conocerla en su compleja verdad. Como escribe el autor “Todo está escrito y permanece. Nosotros tan sólo lo reescribimos”.

       La plazuela, privilegiada atalaya de carácter a-histórico, será el espacio intemporal elegido sobre el que gravita toda la obra. Desde ella, rodeada por calles, postigos, muros y edificios por todos conocidos y que parecen hallarse allí desde siempre, otearemos un horizonte complejo e infinito por el que veremos desfilar la vida y la muerte, la gloria y el infierno, la victoria y la derrota, la paz y la guerra, el recuerdo y el olvido, la esperanza y la impotencia, la alegría y la nostalgia, el hambre y la miseria, el trabajo y el descanso, el castigo y la vergüenza... de los diferentes pueblos que la visitaron, de todos aquellos antepasamos nuestros que la hollaron; que pasaron por ella efímeramente o que la transformaron en su residencia permanente; que la quisieron o que la combatieron, que la mimaron o que la despreciaron. Nuestros numerosos antepasados, de los que provenimos. Nuestros antepasados, es decir, nosotros... Ahora, y en ella,  somos también nosotros quienes, “empezamos a medir el tiempo en nostalgias”; quienes con nuestro esfuerzo, nuestros sueños y utopías formamos parte activa de la historia; quienes, si queremos, podemos contribuir a forjarla. Somos nosotros, tras conocer el pasado, desvelado por nuestro autor, quienes elegimos nuestro futuro.


 Gloria A. Franco Rubio. Universidad  Complutense.


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